Numerosos estudios confirman una estrecha relación entre las emociones, el pensamiento y la toma de decisiones  de las personas. En ellos se constata que las emociones son indispensables en el día a día del individuo, contribuyendo en la resolución de problemas y facilitando la adaptación del individuo en el medio.

La Inteligencia Emocional es considerada según Mayer y Salovey (1997) como: “la habilidad para percibir emociones; para acceder y generar emociones que faciliten el pensamiento; para comprender emociones y el conocimiento emocional y para, de forma reflexiva, regular emociones que promuevan tanto el crecimiento emocional como intelectual”.

Cada vez hay más estudios que indican la importancia de tener una buena regulación emocional, pues esto es la base de muchos problemas anímicos, fuentes de estrés, ansiedad, habilidades sociales y problemas laborales, entre otros. Y es por este motivo por el que la inteligencia emocional está adquiriendo cada vez más importancia en el área laboral, ya que podría ser indispensable en la disminución de situaciones estresantes.

El modelo de Inteligencias Múltiples.

Según Howard Gardner, autor del modelo de las Inteligencias Múltiples, los individuos contamos con diferentes inteligencias que están presentes en cada uno de nosotros en menor o mayor grado: la inteligencia musical, lógico-matemática, espacial, lingüística, naturalista, cinestésica, interpersonal e intrapersonal (Gardner, 1983, 1987).

Según este modelo todas las inteligencias tienen la misma importancia. Esto contrasta con la educación que recibimos en la que sólo se trabajan dos de ellas (la lógico-matemática y la lingüística). Hasta ahora la escuela ha centrado sus esfuerzos en desarrollar lo cognitivo. La sensibilidad, la afectividad y las emociones han sido aspectos olvidados de la vida del sujeto, dándose primacía a lo intelectual.

Siguiendo este modelo, la inteligencia intrapersonal, hace referencia a la capacidad que tenemos los individuos de conocernos a nosotros mismos. Es decir, la capacidad que cada individuo tiene para entender, explicar y discriminar los propios sentimientos.

Por tanto, podemos hablar de tres componentes de la inteligencia intrapersonal:

  • Auto consciencia: tiene que ver con la manera en la que me percibo, me reconozco y me estimo (auto estima, auto observación…). Indica la capacidad del ser humano para decidir y elegir. Es decir, el individuo adopta un papel activo en su vida y no permanece en un papel pasivo o de espectador, pues toma las riendas de su vida pudiendo modificar su situación vital.
  • Auto regulación: indica el conocimiento, regulación y autonomía emocional. Para ello necesitamos estrategias como la auto regulación, auto control etc.
  • Motivación: este último componente tiene que ver con las metas, los sueños, los planes , los deseos o los proyectos individuales de cada uno.

Bajo este prisma, podemos considerar que la inteligencia intrapersonal es clave en el desarrollo vital de cada individuo, ya que disponer de una adecuada gestión del mundo emocional es condición necesaria para una vida plena y satisfactoria.

Por todo lo comentado anteriormente resulta de gran relevancia el desarrollo de la inteligencia intrapersonal desde la infancia.

Algunos de los motivos fundamentales para su desarrollo son:

  • Mejora de la autoestima del menor, adquiriendo un autoconcepto positivo.
  • Favorecer  su confianza y seguridad en las relaciones sociales.
  • Mayor expresión emocional y por tanto bienestar en general.
  • Aprenden a valorarse ellos mismos sin necesidad de aprobación externa.

¿Cómo podemos potenciar las habilidades emocionales y la inteligencia intrapersonal?

Las habilidades emocionales se van desarrollando a lo largo del ciclo vital y es muy importante que desde todos los ámbitos en el que los menores aprenden, se les potencie y transmita para su crecimiento personal.

Estas son algunas de las formas en las cuales se aprenden estas habilidades.

  • La imitación: los niños y niñas aprenden fundamentalmente por observación, por tanto todos los que estamos a su alrededor, nos convertimos en modelos de aprendizaje. Es por ello fundamental que los referentes para los menores tengamos las competencias adquiridas y asentadas en nosotros para manifestarlas y que los menores puedan aprender de ellas. Entre estas competencias podemos considerar las siguientes: tener y saber fomentar la empatía, saber escuchar,  hablar de las emociones, poner nombre a las emociones, facilitar la expresión emocional, saber auto regularnos, ser asertivos, disponer de un pensamiento crítico, etc.
  • Juegos: al igual que los adultos, los menores aprenden en las situaciones vitales a las que van enfrentándose. Por eso, puede ser satisfactorio el fomentar estas experiencias a través del juego en el que los menores aprendan a identificar emociones, gestionarlas, comprender la frustración, ejercitar su tolerancia, practicar la paciencia etc.
  • Cuentos: nos ayudan a tener mayor vocabulario emocional, a reconocer e identificar emociones, a comprender nuestras experiencias vitales (pasadas o futuras), a empatizar con los demás, a poner consciencia y palabras a lo que nos sucede.
  • Validar las emociones: reconocer a los niños y niñas sus emociones, validarlas y aceptarlas. Facilitar su expresión y no recriminar su necesidad de demostrarlas.
  • Dar opciones: enseñar alternativas. Después de validar una determinada emoción, explicar otras alternativas que probablemente él sólo no sepa identificar.

Tratemos de fomentar la inteligencia intrapersonal desde pequeños pues sólo con esto estaremos enriqueciendo su experiencia vital.

No dudes en contactarnos para obtener más información o si  te gustaría que pudiéramos comenzar a enriquecerte o enriquecer a tus pequeños con el apasionante mundo de las emociones.

Elena Marín Greco

Psicóloga colaboradora de Psience.

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