Corría el año 1984 y en la pista Philippe Chatrier de Roland Garros dos grandes titanes se batían en duelo. Hoy revivimos la rivalidad entre el estadounidense John Big Mac McEnroe y el checoslovaco Ivan El terrible Lendl.

Os ponemos en contexto, McEnroe estaba en su mejor momento. Para que os hagáis una idea, no había perdido ni un solo partido ese año. ¡Ni si quiera un set! Su juego agresivo hacía mella en la mente de sus oponentes.

Pero llegamos a la final y nos encontramos con Lendl al otro lado de la pista, preparado mentalmente para el carácter de McEnroe. Como siempre, McEnroe empezó con un juego agresivo dispuesto a acorralar a Lendl, que con un fuerte dominio de sus emociones supo mantener la calma, punto tras punto. McEnroe no estaba acostumbrado a esto, y a lo largo del partido la presión terminó pudiendo con él.

A pesar de ser uno de los mejores tenistas, McEnroe tenía un grave problema para controlar sus emociones. Acabó discutiendo acaloradamente con el árbitro, e incluso el público lo abucheaba por no poder concentrarse en el juego.

Después de esto, todo fue para abajo para McEnroe. Sus emociones estaban completamente fuera de control, e inevitablemente perdió. Fue la mentalidad del tenista checo lo que le hizo ganar el partido.

“Domina tu mente o ella te dominará a ti”. Horacio.

Digamos que es como si tuviéramos dos “cerebros”. Podemos referirnos a ellos metafóricamente como  “sistema caliente” y “sistema frío”. Para usar una jerga más científica, el sistema caliente es al que denominamos como visceralemocional (sistema límbico, nuestro lado más primitivo), y el sistema frío el lógicocognitivo (el neocortex o corteza prefrontal, la zona más evolucionada de nuestro cerebro).

Lo ideal para tener buenas relaciones personales y laborales es nadar sobre ambas aguas y gestionar sus funciones. Por ejemplo:

El cerebro primitivo es impulsivo, se maneja en el aquí y ahora y busca la inmediatez. Se encarga de funciones básicas como la regulación del hambre y el apetito. También es el que nos indica si estamos en peligro. Así que si automáticamente echas a correr porque te está persiguiendo un jabalí es gracias a ese impulso básico de huida generado por nuestro sistema más “caliente” y primitivo.

El cerebro moderno, el más evolucionado, conformado por la corteza cerebral, es el que nos permite, entre tantas otras cosas, razonar, pensar, inhibir nuestros impulsos… y aquí lo importante bajo el tema que nos ocupa: planificar objetivos a largo plazo.

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¿Por qué el autocontrol es tan importante?

La victoria sobre McEnroe fue gracias a una planificación previa mental. Lendl no se dejó llevar por la ira, no la liberó a través del enfrentamiento con su oponente, ni con el árbitro, ni con el público, sino que fue capaz de controlar sus emociones sabiendo que eso le daría ventaja sobre su rival, alcanzando finalmente la victoria.

Esperamos haberte explicado de una manera amena qué es el autocontrol y ejemplos de autocontrol.

Ahora, volvamos a hacer un viaje en el tiempo, exactamente a los años 60. Aquí el psicólogo Walter Michel realiza un experimento bautizado como “The Marshmallow Test”, el Test de la Golosina.

En esta prueba se realizaba con un investigador y un niño de 4 a 6 años. Inicialmente, ambos realizaban juegos para establecer un cierto vínculo de confianza entre ellos. Y finalmente, el investigador proponía al niño otro juego, «juego de la espera». El investigador dejaba una golosina en la mesa y le comunicaba al niño que si no se comía la golosina cuando regresará tendría dos en vez de una.

Como resultado, se encontró que únicamente un tercio de los niños fue capaz de esperar. Los niños mayores podían demorar más su gratificación instantánea, pero lo más interesante de este experimento fue los resultados a largo plazo.

Tras el estudio inicial de Michel se llevó a cabo un seguimiento de 14 años, en el que se descubrió que los niños que habían esperado tenía un éxito académico superior a los niños que se comieron la golosina. Estos últimos tenían la autoestima más baja y menor tolerancia a la frustración. En cambio, los niños que tuvieron ese autocontrol, y fueron capaces de esperar, resultaron ser posteriormente menos agresivos y personas socialmente más competentes.

¿Cómo mejorar tu autocontrol?

Entiende e identifica tus emociones y…

¡Enfríate!, ¡enfríate! y, ¡enfríate!

Tenemos la capacidad de “enfriarnos” como lo hace una comida caliente. De hecho, hay una herramienta que se llama la técnica del café caliente. Si tienes un café caliente recién hecho en la mesa, ¿qué harías? Te recomendamos esperar, dejar que se enfríe unos instantes antes de tomártelo. Lo mismo puedes hacer ante las situaciones que activan nuestro lado más primitivo.

Con este tipo de trucos puedes mejorar tu autocontrol, pero si te ha surgido alguna duda, escríbenos o llámanos.

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