Hoy queremos hablaros de los trastornos psicosomáticos: los procesos de somatización, o psicosomatización. Pero antes de profundizar en el tema, queremos exponer un ejemplo.
Mujer, 23 años, vamos a bautizarla como Alicia. Se presenta en el centro de salud con un autodiagnóstico: piensa que se ha vuelto celiaca. Todo lo que come le sienta mal. Se encuentra revuelta y la sensación que le invade es de lentitud. Su definición exacta es “como si el mundo empezara a ir más despacio”. Finalmente, todo lo que come lo acaba vomitando.
En el centro de salud descartan cualquier tipo de alergia o intolerancia alimentaria, así como cualquier otra causa médica, a lo que el profesional de la salud pregunta:
¿Alicia cómo te encuentras? ¿Ha pasado algo inesperado o llevas un tiempo en una situación preocupante?
Este punto de inflexión es importante ya que no podemos olvidar que:
El acto de somatizar arroja una clara evidencia de la fuerte conexión entre mente y cuerpo que muchas veces se olvida.
De ahí nacen necesidades como la Estrategia de salud mental 2022-2026 (a la que se dio luz verde a finales del 2021). Con ello el Ministerio de Sanidad promete que habrá más psicólogos en los ambulatorios, dando así a la salud mental un hueco en el sistema de atención primaria. Con esta estrategia se incorpora un enfoque diferente a la salud de la ciudadanía, la lucha contra el estigma y la recuperación de la persona.
¿Los trastornos psicosomáticos son realmente un problema?
Los estudios muestran que la prevalencia de los trastornos psicosomáticos en la población general se sitúa alrededor del 5-7%. En consultas de atención primaria, hablamos de rangos amplios de entre el 5 y el 35%. Es más frecuente en mujeres en una proporción 2:1 y habitualmente se inician al principio de la edad adulta. Este tipo de trastornos tienden a cronificarse en el 30% de las personas que los sufren.

¿Cómo se trabaja la somatización?
Los problemas psicosomáticos son manifestaciones de malestar psíquico o psicológico a través de dolencias físicas. Entre las principales causas encontramos la ansiedad y el estrés. Habitualmente, son una consecuencia de los mecanismos biológicos de emociones no resueltas y de la forma en que estos mecanismos afectan a nivel somático. Algunos ejemplos frecuentes de estos procesos son los dolores de cabeza, de espalda, dolores articulares o abdominales, o las alteraciones y molestias digestivas.
Es por esto mismo que las somatizaciones suelen responder de forma muy positiva a las intervenciones psicoterapéuticas. Un cambio en nuestra propia narrativa interna, en nuestra forma de relacionarnos con lo que sentimos, de relacionarnos con los demás, o un mejor aprendizaje a nivel de conciencia emocional, ayudan a poner fin a estos procesos psicosomáticos y a resolver los conflictos que los causan.
También es importante revisar nuestros hábitos de autocuidado. Por ejemplo:
- Mantener un estilo de vida saludable.
- Hablar con profesionales y solicitar tratamiento.
- Cuidar la autoestima.
- No aislarse, el dialogo nos potencia.
- No abandonar proyectos personales.
El cuerpo expresa lo que la mente calla.

Hemos hablado de qué es la somatización, cómo se puede abordar desde la psicoterapia, e incluso algunos consejos para nuestro día a día, pero, ¿es posible prevenir?
Acude regularmente al médico, haz alguna actividad física de forma regular, intenta tener un buen descanso, procura mantenerte activo y participar en actividades laborales y/o de ocio, aprende y practica técnicas de relajación, como el mindfulness, evita el consumo de sustancias, y por supuesto, no dudes en contactar con un profesional de la salud mental si sientes que hay algo que no puedas resolver por ti mismo.
Si te ha surgido alguna duda, o te has sentido identificado en alguna parte del texto, no dudes en ponerte en contacto con nosotros, por teléfono mediante el número 617 59 01 65, o por correo electrónico escribiendo a info@psience.es.

