Esta herramienta fue estudiada por el psicólogo Ira Progoff en los años 60, quien desarrolló el Método del Diario Intensivo. Desde entonces, numerosos estudios han avalado los efectos beneficiosos de esta práctica. Se ha evidenciado que el hecho de escribir sobre los acontecimientos negativos que nos preocupan permite darles un significado e integrarlos en nuestras vidas.

La escritura terapéutica es una herramienta que se emplea en el tratamiento de diversos problemas psicológicos, dado que ayuda a clarificar emociones y pensamientos, facilitando así su posterior análisis.

¿Cómo nos puede ayudar la escritura terapéutica?

Escribir puede ayudarnos a distanciarnos de nuestros problemas cuando nos encontramos en bucles mentales de los que nos resulta complicado salir ya que, al escribir, la velocidad del pensamiento se enlentece y hace que clarifiquemos nuestras ideas.

Otros de sus beneficios son:

  • Promueve el autoconocimiento, mejorando tu autoestima.
  • Nos da la oportunidad de expresar conflictos no resueltos con otra persona con la que no nos es posible comunicarnos.
  • Favorece el dar espacio a emociones y pensamientos cuando estos son ambiguos o confusos.

¿Qué hay que tener en cuenta en la escritura terapéutica?

Al empezar este ejercicio es importante que dejemos a un lado los prejuicios y la vergüenza. Lo que escribamos va a ser algo privado a lo que nadie más tendrá acceso, por ello es importante que seamos totalmente sinceros con nosotros mismos y no maquillemos nuestras emociones y pensamientos. Si no nos abrimos totalmente no podremos beneficiarnos por completo de la experiencia.

Conviene escribir más o menos siempre en el mismo momento del día, reservándonos ese espacio de tiempo para nosotros. Sin embargo, esto debe ser flexible y habrá que ajustarlo a los acontecimientos diarios que vayan surgiendo.

El ambiente es importante; escoge un lugar en el que te sientas cómodo y relajado, puedes utilizar velas aromáticas para enriquecer la experiencia.

¿Por dónde empezar?

La escritura terapéutica se puede realizar de varias maneras; aquí te dejo algunos ejemplos para que puedas escoger el que más resuene contigo:

  1. Diario de acontecimientos positivos. Suele ser una buena idea realizarlo cuando nos encontramos un bajo estado de ánimo, ya que permite tomar conciencia de las pequeñas cosas positivas que ocurren en el día a día y que a menudo pasamos por alto. Lo único que tienes que hacer es escribir al final del día 3 o 4 cosas que te hayan resultado agradables, no tienen que ser grandes acontecimientos sino pequeños detalles.
  2. Escritura libre. Para los momentos en los que te encuentres perdido o en los que no tengas muy claro lo que te ocurre. Prueba a escribir todos esos pensamientos tal y como te vienen a la cabeza, no te detengas en la calidad de la ortografía ni caligrafía.
  3. Carta. Escribir una carta a una persona con lo que tenemos un conflicto que no podemos expresar o para despedirnos de alguien que ya no está. De esta manera volcaremos en el papel todas las emociones y pensamientos que nos gustaría expresar a esa persona.
  4. Escribe sobre ti mismo. Escribir sobre nosotros; nuestras cualidades, ambiciones, sueños, miedos… ayuda a clarificar quienes somos, que nos gustaría cambiar de nosotros mismos y hacia donde queremos dirigir nuestra vida.

A continuación te ofrecemos algunos ejercicios de escritura terapéutica que te pueden guiar en este proceso.

No dudes en contactar si quieres más información, o crees que podemos ayudarte.

María Sacristán Oliveri.

Psicóloga Sanitaria de Psience.

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