Piensa en un día cualquiera. Si trabajas o eres estudiante, probablemente despiertes con el sonido de esa escandalosa alarma que tienes programada en tu teléfono móvil no una, sino varias veces. Cuando logras ponerte en pie, quizá lo primero que hagas sea coger el teléfono y meterte en alguna red social. A continuación, tal vez te dirijas a la cocina para hacer el desayuno y enciendas la tele aunque solo sea “para que haga compañía”, y cuando ya estás listo y a punto de salir de casa, nunca olvidas llevarte los cascos para escuchar algo de música de camino al trabajo o a la universidad.

Aunque sean solo ejemplos, lo cierto es que desde que nos levantamos por la mañana nos exponemos a multitud de sonidos (algunos un tanto molestos) y esta sobreestimulación auditiva puede llegar a suponer un riesgo para nuestra salud. ¿Pero hasta qué punto pueden alterar mi bienestar emocional y físico determinados sonidos?

A día de hoy sabemos que someter al cuerpo a constantes ruidos puede elevar la presión arterial, aumentar los niveles de glucosa y generar picos de cortisol. Además, pueden alterar nuestro patrón de sueño y perjudicar el rendimiento y la motivación necesaria para la ejecución de tareas que requieren poner en marcha procesos cognitivos como la atención o la memoria, dificultando la resolución de problemas.

Dichos efectos se observan sobre todo en aquellos que viven y trabajan en grandes ciudades, donde hay mucho tráfico y donde el ritmo de vida resulta frenético.

Por ejemplo, se sabe que los niños que residen o estudian cerca de aeropuertos o estaciones de tren, obtienen puntuaciones en tareas de lectura más bajos y son más lentos en el desarrollo de habilidades cognitivas y lingüísticas.

Y es que cuando estamos en un entorno excesivamente cargado de ruido, la amígdala se pone en funcionamiento. Esta es una pequeña estructura cerebral que actúa como detector de amenazas, y su activación indica la presencia de algún potencial peligro a nuestro alrededor. Da la voz de alarma y nos indica que debemos prepararnos para huir o reaccionar de alguna manera, generándose una respuesta de miedo o estrés al estimular la liberación de cortisol.

Por el contrario, exponerse al silencio, a la ausencia de ruido ambiental, aunque solo sea unos minutos diarios, puede ayudar a revertir muchas alteraciones y enfermedades.

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Beneficios del silencio para nuestro cerebro

El silencio puede utilizarse como un elemento sanador e incluso como herramienta terapéutica. Desde la antigüedad, se le ha dado un espacio y una importancia, y varios pensadores y filósofos clásicos han hecho alusión al mismo. Este fenómeno, tan sencillo pero a la vez tan potente y escaso, sigue siendo objeto de estudio en la actualidad, y los hallazgos no dejan de ser fascinantes.

Por ejemplo, los investigadores de un estudio publicado en 2013 para la revista Brain, Structure and Function, descubrieron en ratones que la exposición al silencio dos horas al día facilita el desarrollo de nuevas células cerebrales en el hipocampo, una estructura encargada de muchos procesos relacionados con la memoria y aprendizaje. Aunque este fenómeno fue encontrado en roedores, resulta algo muy interesante, puesto que enfermedades como la demencia o la depresión se han asociado a una menor neurogénesis en esta área.

Esto resulta esperanzador, pues se le podría otorgar un uso terapéutico para prevención y tratamiento de este tipo de enfermedades.

Para facilitar el silencio, la meditación es una opción muy acertada. Aunque al inicio te pueda resultar difícil, sobre todo si no tienes experiencia. El objetivo no sería conseguir un silencio absoluto; sino en ir entrenando la atención. Es decir, el dedicarse unos minutos para uno mismo, en los que no se persiga un objetivo ni expectativa concreta, ayudaría al cerebro a integrar conocimientos permitiendo la reflexión y con ella el autoconocimiento.

Para hacer camino hacia el silencio, puedes comenzar realizando respiraciones profundas, con las que conseguirás desacelerar la frecuencia cardíaca y disminuir la presión arterial.

¿Te animas a hacer unas respiraciones profundas y a buscar ese espacio libre de ruidos? ¿Te animas a buscar más espacios de silencio en tu vida?

Si quieres saber más, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

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