Hace unas semanas estuve en una conversación en la que se discutía sobre emociones y pensamientos. Una parte defendía que las emociones son algo universal del ser humano, con lo cual, todos las sentíamos igual. Y la otra, no quitaba la razón en su totalidad, pero sí que argumentaba que cada persona sentía diferente porque, al final, no todos pensamos igual, ¿verdad?

Entre argumento y argumento, se me ocurre soltar un comentario relajado sobre el asunto, a lo que mi amiga se burla de mí y me corrige.

Y aquí, en medio de todo este debate, conseguimos un claro ejemplo de la importancia de cultivar nuestros pensamientos y ser conscientes de en qué situación surgen y cómo nos hacen sentir.

Profundicemos. Entonces, ¿cómo me hizo sentir la intervención de mi amiga?

“Me siento triste, no debería hablar más. Siempre digo tonterías.”

Pero la experiencia sería diferente si hubiese pensado esto:

“Mi amiga siempre está igual, es una bocazas, me irrita.”

Mientras un pensamiento se relaciona con la tristeza, el otro tiene que ver con el enfado. Digamos que al final la emoción junto con lo que hemos pensado da significado a la experiencia. Esta “fórmula” (emoción + pensamiento = experiencia) definirá nuestra actitud ante el entorno.

También nos puede ocurrir en nuestra casa solos, en un entorno seguro y sin venir a cuento. Te viene ese recuerdo sobre una situación dolorosa o en la que te sentiste terriblemente avergonzado o avergonzada.

Y a modo de conclusión de este apartado:

Los pensamientos intrusivos pueden ser un síntoma de ansiedad. En terapia escuchamos a personas (de forma bastante frecuente) que acuden porque tienen “pensamientos negativos” que les aparecen de forma intermitente, sin motivo aparente y de forma inconsciente. Estos pensamientos intrusivos pueden generar angustia, ya que aparecen de forma involuntaria e irrumpen nuestra normalidad y paz, dejando una sensación de malestar.

frustrated black woman sitting in room

¿Por qué a mí? ¿Por qué tengo pensamientos intrusivos?

Lo cierto es que todos los tenemos. Son un producto automático de nuestro privilegiado cerebro. Sin embargo hay momentos en los que nos pueden resultar más abrumadores. Sobre todo, en periodos de nuestra vida en los que nos encontramos sometidos a más estrés, o bien al enfrentarnos a cambios importantes.

Ten en cuenta que estos pensamientos tienen una causa biológica. Nos empeñamos en buscar un origen concreto y es puramente evolutivo: nuestro cerebro funciona así.

¿Cómo puedo eliminar mis pensamientos intrusivos?

Nos encantaría decirte que con un toque de varita mágica podemos eliminar estos pensamientos negativos, pero no, no hay método mágico.

Lo que nos va a ayudar es comprender qué es la ansiedad o con qué situaciones se relaciona. Y tener ciertos puntos bien claros:

– Los pensamientos son eso: pensamientos. No tenemos por qué hacerles caso, ni si quiera interpretarlos como ciertos.

– Tú controlas tu conducta, no tus pensamientos: reflexiona, elabora y decide.

– Luchar contra estos pensamientos puede resultar agotador y, sobre todo, no tienes por qué: acéptalo y obsérvalo. Centra tu atención en ese pensamiento y se consciente de qué está pasando en tu mente. Con esto te darás cuenta de que no todo lo que piensas te identifica ni te describe como persona.

No es necesario descartar los pensamientos o evitarlos, céntrate en las cosas que realmente importan. Es posible que estés pasando por un período estresante y estés “luchando” con estos pensamientos intrusivos más de lo normal. Esto significa que debes ser más consciente y que seguramente debas reducir las fuentes de estrés.

A veces es difícil encontrar qué es lo que nos provoca estrés o ansiedad. Siempre está bien apoyarte en algún profesional. ¡Ponte en contacto con nosotros para poder aclarar cualquier duda!

Bueno, vale, ¡tenemos un truquito!

Si buscamos sacar pensamientos negativos de la mente, cuando vengan anótalos en una lista y “ocúpate más tarde de ellos”. Con esto nos hacemos conscientes de estos pensamientos y sabrás que después le dedicarás un espacio de tu tiempo a ellos.

Este “truquito” no es fácil y se consigue con constancia y de forma gradual. Si lo repites a diario cuando aparezcan estos pensamientos poco a poco irán perdiendo fuerza en tu cabeza.

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