Me he levantado esta mañana y lo primero que he hecho ha sido beberme la copita de vino (1) que dejé ayer en la mesilla.

Mientras me vestía y pensaba en la última reunión con mi jefe, en el que la negativa de subirme el sueldo se hizo más que evidente, no he podido evitar acércame a la nevera y servirme otra copa de vino (2)  mientras me la bebía (3) mi pensamiento se desvanecía.

He ido al trabajo y cada dos por tres, pensaba en si había metido la botella en la nevera, ¡dios mío a lo mejor la he tirado! (4)  No, no, está en casa, seguro.  La angustia de no tenerla cerca resulta estresante.

He ido a tomarme algo con los del trabajo y entre ellos han estado hablando de la última canción de Shakira y de su “sutileza”, o eso creo, ya que he estado con el paladar puesto en mi copa de vino (5). Honestamente, no sabría indagar más en el tema, ni quién era del team Piqué o del team Shakira.

He llegado a casa y me he bebido mi botella hasta quedarme dormida (6).

El lector entenderá que está persona tiene un claro problema de adicción al alcohol y que, en alguna ocasión a lo largo del texto, lo usa como regulador emocional ante una situación de estrés. Bien, es evidente que existe un problema de adicción que tiene que ser tratado.

Pero, ¿y si ahora cambiamos las palabras escritas en cursiva por…?:

  1. Ver mis últimas notificaciones del móvil.
  2. Acercarme a la mesilla y contestar a mis últimos mensajes privados.
  3. Me contestaban.
  4. En que había perdido el móvil, ¡Dios me lo he dejado en el metro!
  5. Los ojos puestos en el móvil.
  6. He visto Instagram hasta quedarme dormida.

Seguro que este caso te suena más familiar. Este ejercicio nos vale para demostrar como banalizamos la adicción a las redes sociales, a pesar de que la adicción es un problema severo de salud mental.

Al igual que ocurre con la mayoría de las adicciones comportamentales, la adicción al móvil no está clasificada todavía como una enfermedad mental, demostrando que la realidad va siempre por delante de la comunidad científica.

Por ello, venimos a hablar de la nomofobia (adicción a redes sociales). Parece que solo incumbe a las generaciones más jóvenes o adolescentes, pero los casos de adultos con adicción al móvil son más frecuentes de lo que imaginamos.

Así lo muestra un artículo de Pew Research Center que reporta que un 78% de personas entre 30 a 49 años refieren ser usuarios activos de las redes sociales.

Vale, si activo no es lo mismo que ser adicto, entonces, ¿cómo saber si tengo una adicción a las redes sociales?

Antes de indagar sobre este tema nos gustaría dejar claro lo que Instagram, Facebook, Twitter, BeReal… hacen a tu cerebro.

  1. La adicción a las redes sociales activa a nivel cerebral las mismas áreas de refuerzo que se activan ante el consumo de ciertas sustancias como la cocaína, el alcohol o el éxtasis.
  2. Los circuitos relacionados con la recompensa son el área cerebral a través del cual se procesa la gratificación generada por las redes sociales.
  3. Biológicamente se ha demostrado que las redes sociales modifican la actividad de neurotransmisores como la adrenalina, dopamina, la testosterona y el cortisol.
close up photography of smartphone icons

Estos puntos nos explican el por qué las redes sociales son adictivas, ya que nos crean una gratificación instantánea. Si nuestro móvil suena, vibra y/o sabemos que ha llegado una notificación, nuestro cerebro suelta un chutazo de dopamina. Y a nuestro cerebro, por supuesto, le encanta la dopamina.

Hemos plasmado la cara “bonita” pero… ¿Y si después de hacerte 78 fotos, la elegida para tu feed de Instagram no llega a los resultados a los que esperabas que llegara? Entonces no recibimos ese golpe de recompensa. No hay dopamina de la que tirar. Es más, se puede crear un círculo vicioso de ansiedad y depresión, ya que no tenemos esa recompensa.

Las redes sociales es algo generalizado y practicado incluso con los más pequeños. Y es que, ¡están muy bien hechas! Su diseño colorido, su look & feel tan amigable nos invade hasta esconder nuestra angustia.

No obstante todo en esta vida es equilibrio, y las redes sociales tienen su parte positiva. No podemos negar eso. Solo que hay que prestar especial cuidado, sobre todo, cuando hablamos de los más pequeños.

Un estudio de la revista Computers & Education  muestra relaciones entre el rendimiento académico (el estudio se hace a perfiles universitarios), la adicción a las redes sociales y la procrastinación. El artículo identifica 3 tipos de perfiles  de adición (bajo, medio y alto) y expone las relaciones tan significativas entre el grado de adicción y la tendencia a procrastinar.

En resumen:  a mayor adicción a las redes sociales mayor procrastinación.

Existe un mal uso de las redes sociales y hay que saber cuándo las redes sociales son malas para nuestra salud, tanto a nivel individual como la actitud como padres frente a las redes sociales. Y es verdad, que los padres deben marcar unos límites en el uso de sus hijos de las redes sociales:

¿Cuándo dejo que mi hijo/a tengas redes sociales? Como padres es importante fomentar la libertad y la responsabilidad gradual de los hijos.

¿Puedo revisar las redes sociales de mis hijos? Hay que entender que el dispositivo móvil es una forma más de salir de casa, ¿seguirías a tu hijo por la calle?

¿Cómo controlo a mi hijo con las redes sociales? Las mismas plataformas recomiendan una edad para su uso y puedes supervisar (que no controlar, puedes preguntarle) los movimientos de tus hijos en las redes.

Esperamos haber “tocado” un poco de todo en nuestro tema elegido de las redes sociales. Hemos intentado que sea lo más completo y enriquecedor, pero si todavía te queda alguna duda o te has visto reflejado, no lo dudes en ponerte en contacto con nosotros.

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2 comentarios

  1. Muy buen artículo, porque muchas veces reconocer que existe un problema de adicción no es sencillo y el texto explica muy bien algunas señales que pueden ayudar a tomar conciencia. También me parece importante el enfoque sobre cómo estas conductas pueden empezar de forma aparentemente inofensiva y terminar afectando diferentes áreas de la vida. Contar con información clara como esta puede ser el primer paso para buscar ayuda y empezar a cambiar la situación. ssaludos

    1. Muchas gracias por tu comentario y por tu aportación. Totalmente de acuerdo con la manera insidiosa en que estas conductas empiezan como algo inofensivo y evolucionan hasta convertirse en el centro de la vida de la persona afectada.
      Un saludo

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