Robert Rosenthal y Lenore Jacobson, psicólogos e investigadores llevaron a cabo un experimento bautizado como Pigmalión en el aula.

En este experimento se administró a los niños de dicha clase un test de inteligencia no verbal al inicio del curso, y paralelamente se informó a los profesores de estos alumnos que este test predecía la capacidad intelectual de los alumnos.

Se seleccionó una muestra del 20% (al azar) de los alumnos de cada clase: estos alumnos constituirían el grupo experimental. A los profesores de dichos alumnos se les comunicó que este grupo de escolares tenía un potencial de progreso muy elevado, ¡y aquí es donde entrará en juego el Efecto Pigmalión, querido lector! Pero no hagamos spoiler

Sobre el resto de los alumnos sin esa capacidad intelectual revelada por este test no se dio información. Este 80% del resto de los alumnos constituyeron el grupo de control. 8 meses después, se volvió a repetir la prueba de inteligencia a todos los escolares.

¿Qué crees que pasó?

El grupo de alumnos acerca de los cuales se había dado un informe positivo a sus profesores obtuvieron unas puntuaciones mucho más altas que las del grupo de control. En resumen: quienes habían sido calificados como “con potencial”, y en consecuencia eran percibidos de esa forma por sus profesores, habían mejorado más que el resto. ¿Coincidencia? No lo creo. Nótese además que los propios alumnos no eran informados de ello; sólo a sus profesores se les había transmitido esa información acerca de los alumnos «con potencial».

¿De dónde viene el término Efecto Pigmalión?

Antes de indagar más en este tema y en cómo nos afecta a nosotros mismos o cómo puede afectar a nuestros hijos, familia, pareja… queremos explicar el porqué del nombre. Y es que Rosenthal y Jacobson se “inspiraron” en la obra de Bernard Shaw titulada Pigmalión. Hay que apuntar que esta obra de teatro publicada en 1913 se basa a su vez en el poema de Las Metamorfosis de Ovidio, donde encontramos el personaje original de Pigmalión.

A modo de resumen, la obra de Bernard Shaw relata las expectativas positivas de un profesor hacia su alumna de clase social baja y como con ellas trasforma su rendimiento espectacularmente.

¿Existen otras investigaciones?

En 1963, Rosenthal llevo a cabo otro experimento donde volvía a demostrar el papel de las expectativas en sujetos experimentales, pero esta vez en ratas. En este experimento entregó (de forma aleatoria) algunas ratas a un grupo de estudiantes, a los que comunicó que estas ratas habían sido seleccionadas por su gran capacidad. A un segundo grupo de alumnos se les entregó, digamos que, “unas ratas normales”.

¿Qué se demostró? Los alumnos con las ratas “más capaces” tuvieron un trato más diferencial y estas demostraron mejor rendimiento en la prueba. A esto lo llamaron el “sesgo del investigador”, y su efecto es la alteración de los resultados de un experimento a causa de las expectativas del investigador.

Bien, ahora, llevado al día a día y sacándolo del ámbito científico, ¿cómo afecta el Efecto Pigmalión a mí o a mis relaciones personales? Vamos a por algunos ejemplos prácticos, pero antes hay que tener clara una cosa:

El efecto Pigmalión ocurre a través de las expectativas positivas o negativas que tienes sobre las habilidades y capacidad de alguien. Aunque no digas verbalmente los comentarios negativos (a tu hijo/padre/pareja…), este individuo puede llegar a notarlo, ya que la forma que tenemos de comunicar estas expectativas tiene que ver con el comportamiento y el lenguaje no verbal.

Pygmalion and the Image -

El Efecto Pigmalión con tus hijos:

Ejemplo: Julia hoy tiene su cuarto partido y no se le da nada bien el fútbol. El pasado domingo ya me tocó morderme la lengua con el padre de aquella niña que hacía comentarios sobre mi hija. Pero qué razón tenía en cuanto a las capacidades de Julia. En una jugada decisiva se le pasó el balón entre las piernas y metieron gol, no pude ni animarla. Creo que esta vez diré que trabajo y no iré a su partido, Total… por una vez que no vaya…

Conclusión:  En este caso hablamos de falta de atención. Al pensar que tu hijo/a es malo/a jugando al futbol, irás menos a verle e incluso no te saldrá animarle con la misma fuerza que si pensaras que es bueno. Esa falta de atención, aunque no sea una comunicación verbal explícita (en todo su sentido), es palpable y tu hijo/a puede sentirlo.

El Efecto Pigmalión en el trabajo:

Ejemplo: Hoy tengo reunión con la nueva creativa. Según me han dicho los socios, hace las presentaciones de una forma muy fresca y comercial, pero yo no me fío. Por eso le he dicho que le acompañaba, que tiene poca experiencia y que seguro que no sabe salir del paso ante las preguntas de cliente.

Conclusión: Lo que el supuesto CEO de esta empresa interpreta como ayudar a su trabajador, termina transmitiendo que no tiene las habilidades suficientes para llevar en este cabo la reunión y provoca unas limitaciones que quizás ni ella misma tenía.

El Efecto Pigmalión en la pareja:

Ejemplo: Desde que empecé con Diego sabía perfectamente cómo iba a terminar. Sabía que me iba a ser infiel. Aunque no encontrara nada en su móvil, muchas veces no me cogía el teléfono. Me ha acabado dejando porque dice que se agobia, y que busca una persona que confíe más en él. Vamos, finalmente lo que pensaba desde el principio: se ha ido con otra.

Conclusión: La actitud de nuestra fugaz protagonista generando unas expectativas negativas han reforzado su propia creencia, y han creado un resultado final que puede interpretarse por ella misma como el cumplimiento de su propia expectativa.

El Efecto Pigmalión en ti mismo:

Y por supuesto, el Efecto Pigmalión puede tener un impacto significativo en la forma en que te relacionas contigo mismo. Es decir, a través de tus propias expectativas acerca de ti, de tu forma de percibirte. Con mucha probabilidad terminarás comportándote de acuerdo con estas expectativas y esta forma de percibirte.

¿Qué aprendemos de estos ejemplos del Efecto Pigmalión?  Que necesitamos potenciar positivamente estos factores a la hora de relacionarnos con los demás, y también con nosotros mismos:

  • Crea un ambiente relajado y cercano.
  • Fomenta tu confianza y da confianza y reconocimiento.
  • Comparte tu opinión, genera un feedback con comentarios positivos y constructivos.
  • Practica la escucha activa y sin juzgar.

Cuidar estos factores influirán de una forma positiva en tu autoestima y por ende, alimentará tu confianza y la confianza de las personas que te rodean.

“Si juzgas a un pez por su habilidad de trepar a los árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil”. Albert Einstein.

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1 comentario

  1. Muy cierta la teoría. Ser positivo y transmitirlo puede llegar hacer más grande a otros.

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