Estaba el otro día en sesión cuando una paciente me comentó: “ese es el problema, que no sé expresarme. Soy muy fría. Bueno, todos los somos, no hablamos de emociones”. Esta frase me pareció de gran importancia y me hizo reflexionar.

Qué importante son las emociones en nuestra vida, ya que nos guían y nos acompañan durante todo el recorrido vital. Y en cambio, que poco nos enseñan respecto a ellas.

¿Cómo vamos a conocernos y a poder tener una buena relación con el prójimo, (sea familiar, amigo, pareja, compañero de trabajo etc.) si desconocemos el significado de las emociones, si no las validamos, si no las aceptamos, si no sabemos reconocerlas e incluirlas en nuestro día a día?

Es por ello que me gustaría transmitir e invitarte a reflexionar sobre la importancia de una buena educación y gestión emocional.

Desde que nacemos nuestras emociones están presentes y es importante que aprendamos a escucharlas y a experimentarlas.

Un día, otro paciente me comentó que no recordaba haber llorado desde que era pequeño, en una situación en la cual otros compañeros invalidaron su emoción e hicieron que reprimiera el llanto haciéndole creer que estaba mal sentirse así.

Por esto, me gustaría que nos detuviéramos en la emoción que no solemos validar, que solemos marginar o que desde que somos pequeños nos animan a no sentirla ni expresarla.  “¡No llores!.. ¡llorar es de niñas!… ¡si lloras es que eres un cobarde!…¡anda no llores, no es para tanto!… ¡no llores, el tiempo todo lo cura!”

Sin embargo la tristeza es una de las emociones más importantes y fundamentales para nuestro desarrollo personal. La tristeza se encarga de recogernos y de permitirnos dedicar tiempo a nosotros, de pensar y meditar en los cambios que nos han ocurrido para continuar con nuestro día a día, y por tanto poder cerrar etapas. La tristeza es la emoción necesaria para volver a ser nosotros, para crecer y avanzar en procesos tan dolorosos como un despido, una pérdida de cualquier tipo, ruptura sentimental, traslado de domicilio, pubertad, cambio en el ciclo vital etc.

Y es por esto que te animo a que te permitas sentir, te permitas llorar. Pues sentirnos tristes y llorar nos ayuda a descargar, a desahogarnos, a expulsar el dolor que sentimos. Y nos hace crecer, ya que gracias a ello podemos  dar paso a un nuevo YO, más poderoso y más fuerte.

Permítete llorar, ya que llorar está bien. No inhibas el llanto, siéntete libre de poder estar triste, de llorar y de experimentar la tristeza.

Si quieres conocer más acerca de las emociones o sientes que no consigues identificarlas o reconocerlas, ponte en contacto con nosotros sin compromiso. ¡Te esperamos!

Elena Marín.

Psicóloga colaboradora de Psience.

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