La tercera edad se entiende como la etapa de vida que comprende desde los 60 años en delante. Frecuentemente se asocia con alteraciones a nivel físico, social y psicológico. Es curioso cómo todos tenemos grabado de una forma casi inconsciente que hay que cuidarse más. Entonces, ¿por qué parece que se tiende a obviar la atención a la salud mental en esta etapa de la vida?
Estos son algunos de los cambios a los que se enfrenta un adulto mayor:
- Pérdida de capacidades cognitivas: pérdidas de memoria, demencia, Alzheimer o Parkinson, etc.
- Pérdida de capacidades motoras: como limitaciones físicas o dolor en articulaciones.
- Procesos de duelo: viudez y fallecimiento de personas cercanas, aislamiento socio-familiar, entre otros.
- Pérdida de trabajo: jubilación.
- Disminución de la libido.
- Disminución de la actividad en general.
La publicación del Estudio del impacto de la discapacidad y/o la enfermedad crónica en las personas mayores y sus familias, elaborado por la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP), pone en alerta y habla sobre la frecuencia de problemas psicológicos en personas mayores como la ansiedad, la depresión o el estrés, síntomas que tienden a volverse crónicos en esta población.
Definitivamente todos los cambios de etapas en la vida son complicados, desde la adolescencia hasta las abrumadoras responsabilidades del mundo adulto. Pero quizás, y partiendo de la base que todo ser humano necesita en algún momento asesoramiento psicológico, una de las etapas más difíciles de asimilar es el paso a la vejez.

¿Cómo se puede trabajar en consulta con personas mayores?
Primero, podemos clasificar en 4 áreas sobre las que el psicólogo interviene con el objetivo de promover un envejecimiento más activo, y por ende, más saludable:
- El estilo de vida y el funcionamiento físico. Frente a problemas como lentitud psicomotriz o artritis, hacer ejercicio. Frente a la fatiga, haremos ejercicios aérobicos. Así como si sentimos la movilidad reducida, haremos estiramientos. Estas soluciones ayudan también contra el aburrimiento, buscando crear nuevos aprendizajes.
- La mejora del funcionamiento cognitivo. Proponer juegos y ejercicios mentales. Por ejemplo, existe un caso documentado de un ajedrecista que sufrió un deterioro cognitivo leve en los últimos años de su vida. Al fallecer, la autopsia reveló signos avanzados de Alzheimer. Parece que el ejercicio mental que le proporcionaba el ajedrez le ayudó a amortiguar los efectos del deterioro que podría haberle generado el Alzheimer, haciendo que los síntomas de la enfermedad tardaran mucho más en manifestarse.
- El mantenimiento del nivel de funcionamiento afectivo y de las estrategias de afrontamiento.
- El interés en la participación y actividad social.
¿Qué objetivos nos planteamos en las sesiones?
Partiendo de la base que cada persona es diferente y que no es posible plantearse los mismos objetivos, podemos exponer (con un carácter muy general) algunos de ellos:
- Explorar lo que le ocurre a cada persona e identificar la sintomatología que presenta.
- Intervenir terapéuticamente sobre los procesos disfuncionales que se hayan detectado.
- Prevenir trastornos propios de la tercera edad que aún no se han desarrollado.
- Mejorar la calidad de vida.
- Sensibilizar a los familiares sobre los problemas de sus familiares de edad avanzada.
- Ayudar al paciente a desarrollar nuevas estrategias para afrontar las situaciones difíciles
Esperamos que haya sido de tu interés y, sobre todo, que haya aclarado un tema que desde el equipo de Psience consideramos que no se le da la visibilidad que necesita.
Para cualquier duda, puedes ponerte en contacto con nosotros a través del e-mail info@psience.es.

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Muy buen enfoque sobre la atención psicológica en la tercera edad. La salud mental en esta etapa es clave no solo para el bienestar emocional, sino también para mantener la motivación, el sentido de propósito y la adaptación a los cambios propios del envejecimiento.