El duelo es un proceso natural, necesario y universal en los seres humanos.  Es un proceso de adaptación emocional ante una pérdida, ya sea de una persona querida, una relación, un cambio en la salud, un empleo, una jubilación, un cambio de residencia… Cualquier ruptura que suponga un sufrimiento por la pérdida de un vínculo afectivo y un cambio significativo en la vida.

En numerosas ocasiones se requiere de terapia psicológica para manejar las emociones, afrontar el adiós y dejar marchar aquello que ya no está para lograr vivir plenamente libre del dolor de la pérdida. Cabe matizar por supuesto la creencia típica de pensar que por superar un duelo vamos a olvidarnos de la persona perdida y a veces ocurren resistencias para no sentirnos culpables por querer olvidar.

Superar y aceptar la pérdida significa seguir viviendo la vida pudiendo recordar a la persona perdida sin sufrir malestar. En ningún caso significa olvidarse de la persona perdida.

Características del duelo

Los expertos coinciden en que hay aspectos generales en el afrontamiento del duelo: emociones, sensaciones y pensamientos comunes entre los dolientes. Sin embargo cada persona afronta de manera particular su propio duelo. De este modo no podemos hablar de universalidades a la hora de concretar la intensidad, la profundidad o la duración de la experiencia. El objetivo del psicólogo es conocer a fondo la experiencia emocional, cognitiva y conductual del paciente para servir de mapa orientativo en su proceso personal de duelo.

Las características comunes en los procesos del duelo, identificadas gracias a diversas investigaciones, se pueden clasificar de la siguiente forma:

Síntomas fisiológicos: náuseas y malestar digestivo o estomacal, insomnio y dificultad para dormir, sensación de falta de energía y fatiga, llanto prolongado, opresión y pesadez en el pecho y la garganta, pérdida o aumento de peso, dolores de cabeza, mareos, disminución de la apetencia sexual, falta de aliento, hiperventilación y taquicardia. 

Manifestaciones psicológicas y emocionales: sentimientos de ira y rabia, irritabilidad, confusión, tristeza profunda, sensación de extrañeza e incredulidad, sentimientos de culpa y auto reproche, ansiedad, miedo, sensación de soledad.

Síntomas sociales: pérdida de ilusión e interés por actividades agradables, inapetencia social y abandono del cuidado personal, aislamiento y sentimiento de no pertenencia social.

Siguiendo las teorías de la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross, algunos autores describen el proceso de duelo a través de las siguientes cinco etapas (aunque no todas las personas pasan necesariamente por estas etapas, sino que son orientativas):

Negación: inicialmente frena el golpe de la pérdida y aplaza parte del dolor. Se rechazan los hechos o la situación de forma consciente o inconsciente.

Ira: predomina el sentimiento de rabia y resentimiento. El enfado está presente en todas las fases, pero es en esta fase donde la ira se dirige hacia lo que hemos perdido, se enfatiza en la búsqueda de responsables o culpables.

Negociación: fantasear con la idea de que los hechos se pueden revertir o cambiar para que no se produzca la pérdida. Es frecuente preguntarse ¿qué habría pasado si…? o ¿y si hubiera hecho esto o lo otro?

Depresión: se empieza a ser consciente de la pérdida. Sentimiento de miedo y sensación de vacío, tristeza profunda e incertidumbre.

Aceptación: se produce la aceptación de la pérdida y se aprende a convivir con ella. Esta aceptación no significa olvidar. Con el tiempo se recupera la capacidad para experimentar la alegría y el placer.

Estos aspectos generales del duelo y las características de las fases son lo más habitual. Sin embargo, no todos experimentan esto en el mismo orden, y es común retroceder a través de algunas de estas reacciones y fases más de una vez.

Objetivo de la Psicoterapia en el proceso de Duelo

En psicoterapia el objetivo de una terapia de duelo es ayudar a recuperar el equilibrio emocional a través del acompañamiento y asesoramiento psicológico en el que se trabajan los pensamientos, sentimientos y recuerdos asociados con el impacto de la pérdida, y así poder integrar la experiencia sin que siga resultando dolorosa y adaptarse a una nueva situación.

Es muy importante que, al reconocer que podemos estar pasándolo mal ante una pérdida, nos hagamos responsables del proceso de permitirnos sentir y afrontar el vacío de la pérdida. Desde esa aceptación podrá comenzar el cambio hacia un camino de mayor libertad y paz interior. Lo cierto es que durante el proceso adaptativo salen a relucir recursos y capacidades que de otra manera no hubieran aparecido en la persona que sufre la pérdida.

Cuando mencionamos que es un proceso natural utilizamos las palabras del experto Doug Manning: “El duelo es tan natural como llorar cuando te lastimas, dormir cuando estás cansado, comer cuando tienes hambre y estornudar cuando te pica la nariz. Es la manera que tiene la naturaleza de sanar un corazón roto”.

Si crees que estás pasando por un duelo, si te encuentras triste, confuso o sientes un bloqueo emocional y no sabes cómo salir de esa situación o experiencia, ponte en contacto con nosotros y te ayudaremos a salir adelante durante esta situación vital que atraviesas.

Elias Alonso Vidal

Psicólogo Sanitario de Psience.

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5 comentarios

  1. Quiero felicitar a Elias Alonso por este artículo porque me ha dado mucha claridad y me parece que aporta mucho valor. A mi parecer la fase de la negociación es la más complicada, un saludo.

    1. Muchas gracias Toni por tu comentario y aportación. Como bien dices, la fase de negociación puede ser complicada, más que nunca es en ese momento cuando hay que tener los pies bien conectados con la Tierra y con el Presente, para no dejarnos arrastrar por nuestras fantasías y deseos inalcanzables. Ayuda mucho saber y tener la certeza de que aunque la persona querida ya no está físicamente sigue viviendo en tí de alguna forma, y puede ser muy sanador dejar sentir la alegría al descubrirlo.
      Gracias de nuevo, un saludo.
      Elias Alonso Vidal

  2. Superar un duelo no significa olvidar, sino aprender a vivir con la ausencia sin que duela cada día igual. A mí me ayudó aceptar mis tiempos y entender que sanar no es una meta, sino un proceso que se recorre paso a paso. Gracias por el artículo 🙂

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