Actualmente los seres humanos tenemos una corteza cerebral muy desarrollada y, en consecuencia, capacidades intelectuales «avanzadas» que nos permiten tener facultades privilegiadas respecto al resto de especies. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que en lo más profundo de los seres humanos seguimos siendo arcaicos a nivel de estructura biológica y muy primitivos a nivel de reflejos y comportamientos. Es importante conocer esta realidad, ya que muchos de los conflictos psicológicos y enfermedades que sufre el organismo provienen de esta forma primitiva de funcionar del cerebro arcaico. Las ideas que relato a continuación provienen en parte de las teorías evolutivas de Darwin y Lamarck.
El ser humano de nuestros días sigue funcionando esencialmente desde el marco de la animalidad. Un gran ejemplo de ello es cuando al observar a un grupo de primates, podemos hacer la comparación con el ser humano y darnos cuenta de que las formas de reaccionar primitivas son exactamente iguales. Es por ello que a diario el ser humano se ve enfrentado a problemas muy básicos de territorio (por ejemplo por una plaza de aparcamiento); de pérdida de integridad (porque hayas sido reprendido por tu jefe); de falta de rendimiento (por una carrera perdida por una centésima de segundo); de inquietud por los hijos (a causa de sus malos resultados escolares); por miedo de carecer (a causa de un periodo de paro); de elección de dirección (ante las dudas acerca de qué elegir); de lucha por la posición dominante (a causa de un ascenso que no se llega a producir); de ruptura de contacto (si tu pareja se va a vivir lejos).

El cerebro humano gestiona las dificultades a las que se enfrenta en la vida moderna de forma sistemática en función de su tonalidad profunda y animal, así como en función de lo esencial y de lo vital de la situación, tal y como sucede desde tiempos remotos.
Según el terapeuta francés Laurent Daillie, experto en descodificación del estrés biológico, es esencial captar este principio para entender la descodificación del cerebro arcaico en los seres humanos. Según este autor, la ciencia ha ido demostrando que nuestro cerebro arcaico no hace una distinción entre lo real, lo simbólico, lo virtual y lo imaginario. Lo trata todo como si fuera la misma realidad. Igual que nuestro cerebro arcaico no hace diferencia entre el pasado, el presente y el futuro.
Es importante comprender que la humanidad ha evolucionado en cuanto a medios adaptativos para una mejor supervivencia como colectivo y como especie, pero el ritmo evolutivo del cerebro humano es mucho más lento y sigue siendo un cerebro arcaico.
Necesidades primitivas en la vida moderna
El autor Daillie relata en su libro La lógica del síntoma ejemplos de situaciones muy acertadas para entender mejor estos conceptos: «si alguien aparca sistemáticamente en nuestra plaza de aparcamiento reservada para nosotros, entonces consideraremos que esta persona será muy maleducada y viviremos una gran contrariedad por tener que aparcar en otro lugar, incluso estaremos dispuestos a hacer valer nuestros derechos (…)». Sin embargo, en esta situación nuestro cerebro podrá considerar que nos enfrentamos a un problema grave de invasión de territorio; y en función de la intensidad de nuestro estrés y por lo tanto de la supuesta gravedad del problema, podrá reaccionar en consecuencia por ejemplo aumentando ciertas funciones orgánicas para ayudarnos a hacer frente a esta intrusión en el concepto de territorio.»
Podemos creer que la diversidad de nuestros conflictos más primitivos es infinita porque los podemos encontrar en situaciones diferentes. Sin embargo esto no es así ya que las dificultades a las que el ser humano se enfrenta se pueden clasificar en pocos temas muy esenciales y nucleares que se corresponden a necesidades vitales. Estos conflictos arcaicos están vinculados directamente a funciones fisiológicamente primordiales como respirar, beber, comer, evacuar, reproducirse o dormir. Otras necesidades básicas están vinculadas a la supervivencia individual, a la protección, a ser eficaz y eficiente. La última categoría de estas necesidades son las vinculadas a la relación con el grupo o el colectivo, con nuestro territorio, con el contacto y la jerarquía.

Cuando el cerebro detecta un aumento constante e intenso en los niveles de estrés en el organismo, significa que hay peligro y tendrá en cuenta nuestra emoción visceral para informarse sobre la naturaleza de este peligro. Cuando esto sucede al cerebro no le interesa nunca lo que vivimos ya que solo se interesa por nuestra manera de vivirlo, es decir, nuestro resentir en cuanto a la gravedad del peligro y a la urgencia de la situación. No debemos olvidar que la función del cerebro realmente es poner una solución a lo que está sucediendo y resolver las dificultades, la manifestación que se produce es una solución perfecta aunque esto pueda provocar una enfermedad, ya que la respuesta puede ser arcaica y estar totalmente desadaptada en el presente.
Resolver conflictos primitivos
Descubrir y Comprender el origen biológico de estos conflictos se hace esencial para poder resolver las dificultades y el estrés crónico al que estamos en ocasiones sometidos.
Las propuestas terapéuticas que ayudarían a resolver estos conflictos son aquellas dirigidas a descubrir la verdadera causa de la manifestación que hace sufrir o limita para que no perdure o reaparezca regularmente. El problema surge cuando el cerebro arcaico se pone a trabajar para ayudar a gestionar un estrés específico que está inducido por una situación crítica de la que no somos conscientes (a causa de nuestra inconsciencia) y que la solución pasaría por poner en marcha la conciencia de lo que está sucediendo y el por qué, para así poner fin a las manifestaciones producto del cerebro arcaico.
Se ve muy claro con un ejemplo acerca de un conflicto de advertencia de la inminencia del peligro. En estos casos sucede que el cerebro deja inmediatamente de mantener la manifestación de angustia desde el momento en que se da cuenta de que por fin hemos entendido que existe un peligro inminente y cuál es su verdadera naturaleza. Esto significa para el cerebro que por fin estamos en guardia de manera consciente y por eso es inútil que nos esté alertando de ello.
Para concluir podemos decir finalmente que es la conciencia lo que cura. La parte biológica deja de ocuparse de los problemas desde el momento en que hay plena conciencia de lo que está realmente sucediendo, que puede ser una enfermedad o un bloqueo.
Si te ha resultado interesante y quieres saber más, o crees que te podemos ayudar, no dudes en ponerte en contacto con nosotros sin compromiso.
Elias Alonso Vidal.
Psicólogo Sanitario de Psience.

