La mayor parte del tiempo no somos conscientes de la cantidad de procesos de pensamiento, verbales y no verbales, que aparecen y cruzan a diario por nuestra cabeza, y que muchas veces ejercen su influencia en nosotros y nuestro estado mental mientras pasan completamente inadvertidos. Si se nos pregunta en qué estábamos pensando, que pensamiento cruzó nuestra mente, habitualmente no los podemos identificar, y es frecuente responder que no estaba pensando en nada. Sin embargo, la explicación no es que no se produjera ningún pensamiento, ningún proceso verbal, sino que estos se han vuelto automáticos.

¿Por qué ocurre esto?

El cerebro aprende y se moldea constantemente, y forma incesantes relaciones entre los pensamientos, las emociones, el comportamiento, y las situaciones y contextos en que se producen. Forma asociaciones entre lo que acontece antes y después (claves contextuales) de cada pensamiento, sensación, sentimiento, comportamiento… asociaciones entre pensamientos y emociones, pensamientos y comportamientos, emociones y conductas… conductas con conductas… Formando secuencias, patrones de pensamiento, sentimiento y acción, con la finalidad de aprender formas eficaces de adaptarse y desenvolverse por el mundo en que vivimos (en que cada uno vive). Y lo hace de tal forma que, cada vez que estas asociaciones (o circuitos o patrones) se repiten o se confirman, se fortalecen y se vuelven más frecuentes. Se arraigan cada vez más en nosotros. Se automatizan, volviéndose patrones mecánicos e inconscientes.

Y este mecanismo tiene lugar con tanta facilidad precisamente porque permite a nuestra mente ahorrar recursos a la hora de procesar información. Es una cuestión de economía mental. Siempre que la mente tenga la posibilidad de ahorrar, así lo hará. Si es posible procesar la información en función de un esquema o patrón ya instaurado, lo hará de forma automática. Si es posible ejecutar una conducta fuertemente asociada a cualquier sensación o percepción, en lugar de tener que soportar el gasto energético de elegir y afrontar de forma consciente, la mente optará casi siempre por la opción más económica. De manera automática, interpretará la información de acuerdo con sus propios esquemas y creencias, afrontará las situaciones conforme con los patrones ya instalados. Con el tiempo, estos “caminos mentales” se vuelven cada vez más automáticos e inconscientes.

Y sucede que el cerebro no juzga. Solo ahorra recursos y se adapta a las condiciones que el entorno le ofrece. No distingue lo bueno de lo malo, solo aprende y se adapta. Así por ejemplo podemos aprender formas patológicas, pero funcionales, de resolver problemas. Podemos aprender síntomas, y desarrollar trastornos psicológicos. Y además de esto, ocurre que nuestro cerebro, al procesar la información procedente del mundo, suele cometer una serie de sesgos, o errores cognitivos, de acuerdo con este aprendizaje ni bueno ni malo y a la experiencia detrás de cada uno: sobre la base de sus creencias y su situación psicológica.

Algunos de los sesgo mentales más frecuentes, descritos por autores de la psicología cognitiva, son la abstracción selectiva (filtrar la información, atender sólo a una parte, normalmente de acuerdo con nuestras creencias, esquemas o estado mental), la magnificación o minimización de la información (normalmente coherente con el estado del ánimo, por ejemplo la magnificación de lo negativo en personas depresivas), las anticipaciones y el catastrofismo, las inferencias arbitrarias (conclusiones a las que nos llevan nuestros esquemas o creencias y que sin embargo están totalmente infundadas), la polarización, la sobregeneralización (convertir la percepción de un hecho en una norma o en un patrón inmodificable), las ideas normativas relacionadas con los “debería…”, “tengo que….”, la rumiación (el “darle vueltas” a una idea), o las profecías autocumplidas (percibir y actuar de acuerdo con una creencia o idea anticipada, que acaba confirmándose a través de las consecuencias percibidas de nuestra conducta).

De este tipo de ideas encontramos ejemplos cotidianos de todo tipo. Habitualmente se encuentran arraigados con fuerza en el pensamiento de cualquiera. Sin embargo, cuando se ha establecido un problema psicológico, un patrón disfuncional o desadaptativo, las ideas y pensamientos automáticos, como manifestaciones de creencias y valores nucleares en torno a las cuales se ha desarrollado el problema, resultan un nivel de intervención imprescindible en casi cualquier caso, tanto sobre los propios sesgos (en aspecto de forma), en el sentido de la higiene psicológica y la calidad del propio procesamiento y construcción de la realidad, como sobre su contenido, ya que lleva implícito el significado del problema, y es este contenido el que se asocia con la sintomatología y explica a su vez la experiencia subjetiva de cada persona.

Para detectar esos pensamientos que hasta ahora han sido automáticos e inconscientes, invisibles, tenemos que desarrollar una especie de yo-observador. Un yo neutral que solo observa y no juzga. Le alimentaremos, haciéndolo crecer, cada vez que nos detengamos a observar un pensamiento. No se trata de no pensar, sino de darnos cuenta y observar lo que estamos pensando. Y posteriormente, aprender a no reaccionar de forma automática a ese pensamiento. Aprender otra forma de afrontarlo que no lo confirme, ni lo refuerce. Y de este modo, dejar que esos pensamientos automatizados vayan perdiendo fuerza por sí mismos poco a poco hasta que terminen por extinguirse al perder su significado. No es una lucha contra el pensamiento automático, ni una discusión. No se trata de evitarlo, sino de aceptarlo y tomarlo como punto de partida, con el objetivo de interrumpir el automatismo, tomar conciencia, y actuar de forma consciente en dirección al cambio.

Si quieres más información, o crees que te podemos ayudar, contáctanos.

David Alonso Vidal

Psicólogo Sanitario de Psience.

Únete a la conversación

13 comentarios

  1. Muy buena la explicación, todo muy claro.
    Si deben tener en cuenta que hay una parte del texto donde mencionan dos veces la palabra «en base» y se escribe y se dice correctamente «con base»

Dejar un comentario

Responder a Andrés OrozcoCancelar respuesta

Descubre más desde Tu equipo de Psicólogos en Arroyomolinos

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo