La asertividad es uno de los aspectos más prácticos que pueden abordarse en terapia. Es una forma fácil de entender cómo mejorar la comunicación con los demás, y su puesta en práctica a menudo supone un cambio que beneficia significativamente a las personas.

Una de sus principales ventajas es que no tiene apenas complejidad. Es algo muy sencillo de entender, aunque en algunos casos pueden presentarse barreras y obstáculos al empezar a ponerlo en práctica. Principalmente, estos obstáculos se explican por la propia ansiedad o culpabilidad de las personas ante su dificultad para delimitar su propia responsabilidad sobre las respuestas emocionales de los demás, a menudo anticipadas por la propia persona, y que le dificultan persistir en la conducta asertiva. Frecuentemente, el discurso interno de estas personas tiñe la asertividad de egoísmo, mala persona o debilidad: si digo que no, soy egoísta; si pongo ciertos límites, entonces soy mala persona; si pido ayuda, soy débil o incapaz

Muchas veces esto es consecuencia de nuestro bagaje cultural y nuestra educación, en la que decir no puede estar “mal visto”, o expresar ciertas emociones puede ser percibido como “debilidad”.  Por esta misma razón, el trabajo de la asertividad en terapia es una de las intervenciones más transversales, en el sentido de que un amplio porcentaje de personas necesita mejorar en este aspecto.

Qué es la Asertividad

La asertividad es un estilo de comunicación y una habilidad social. Consiste en expresar de forma honesta y directa nuestras opiniones y puntos de vista, gustos, preferencias, creencias y deseos, así como nuestros sentimientos y emociones. En esencia, implica expresar lo que realmente queremos decir, sin rodeos ni ornamentos. Pero también supone expresarlo sin faltar a nuestros derechos asertivos, ni a los derechos de nuestro interlocutor. Expresar de forma directa y honesta no significa hacerlo de cualquier manera, sino atendiendo y respetando una serie de derechos asertivos.

Podemos hacer un gran resumen del estilo de comunicación asertivo destacando tres de las principales habilidades que engloba, y que resulta de gran ayuda aprender y practicar:

  1. Saber decir NO. Saber rechazar cualquier demanda o petición no deseada o no apetecible (sin sentirnos culpables).
  2. Saber pedir a los demás lo que uno quiere, necesita o le apetece (sin sentirnos egoístas).
  3. Saber expresar emociones y sentimientos, ya sean agradables o desagradables (sin sentirnos débiles, vulnerables o expuestos).

Como puedes ver, cada una de estas tres habilidades asertivas lleva implícita su propia barrera que dificulta ponerla en práctica, y que se puede manejar, trabajar y resolver a través del trabajo psicoterapéutico.

Practicar y aprender la comunicación asertiva

Para empezar a ser asertivos, es fundamental que antes tengamos muy presentes algunas cuestiones.

En primer lugar, conocer los derechos asertivos. Tener conciencia de mis derechos y los de mi interlocutor, y respetarlos.

En segundo lugar, conocer y saber diferenciar los estilos de comunicación agresivo, pasivo, y asertivo. El estilo agresivo es aquel que no respeta los derechos del interlocutor, y tiende a generar el conflicto. El estilo pasivo, por el contrario, no respeta los propios derechos, y tiende a evitar el conflicto.

En tercer lugar, aprender a manejar las propias barreras que dificultan ser asertivo. Por ejemplo, las distorsiones cognitivas. La culpabilidad o la ansiedad ante la idea de ser asertivos. La falta de límites en la responsabilidad personal sobre las reacciones y respuestas de los demás.

En cuarto lugar, y lo más importante de todo, practicar la asertividad. Como se ha mencionado anteriormente, la asertividad es una habilidad social, y como cualquier otra destreza, se aprende y perfecciona a través de la práctica.

La comunicación asertiva nos ayuda a mejorar nuestra relación con los demás, al comunicarnos con claridad con las personas de nuestro entorno. Nos ayuda a tender límites que nos permiten dejar de sentirnos culpables o responsables del enfado, la tristeza o los problemas de los demás. Ganamos autonomía emocional al liberarnos de esa carga, ayudándonos a mejorar nuestra diferenciación.

Además, también nos ayuda a sentirnos mejor con nosotros mismos, más empoderados, y a mejorar nuestra autoestima a través de respetarnos y tratarnos con honestidad.

Si quieres saber más, o crees que te podemos ayudar, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

David Alonso Vidal.

Psicólogo Sanitario de Psience.

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