A lo largo de las últimas décadas, la industria pornográfica ha tenido un aumento drástico en su popularidad, globalización y crecimiento, debido al impulso de internet. Como consecuencia, cada día la pornografía llega y afecta a más personas: nunca una sociedad había estado tan expuesta a un material tan intenso y tan explícito. Si miramos las estadísticas, España es el 11º país del mundo en consumo de pornografía. Los datos de las principales plataformas asustan: 100 millones de visitas diarias y 962 búsquedas por segundo.

La pornografía es todo el material de contenido sexual explícito, capaz de provocar excitación sexual, presente a través de distintos formatos (texto, audio o vídeo). El formato audiovisual es el más difundido y el más peligroso para la salud, por ser el que tiene mayor capacidad de impacto. 

Los estudios científicos nos indican que la edad de primer acceso a contenido pornográfico es entre los 9 y los 12 años, muchas veces de manera involuntaria a través de compañeros, familiares o anuncios en internet. Debido a este temprano inicio y a la expansión de la pornografía online, la mayoría de los niños y adolescentes han consumido alguna forma de pornografía. Por desgracia, el porno incide con especial fuerza en ellos, que no están preparados para semejante estímulo sexual, condicionando su crecimiento y rompiendo con el desarrollo natural de la sexualidad, porque su cerebro está en un momento crítico del desarrollo. 

Mitos sobre la pornografía.

Uno de los mitos de la pornografía es su bondad: “es sólo entretenimiento”. Sin embargo, ver porno es un estímulo muy potente para nuestro cerebro, que dispara los niveles de dopamina y cambia la estructura de nuestro cerebro, que influye en nuestros pensamientos, sentimientos y conductas. El consumo de pornografía daña el cerebro de la misma manera que sucede en otras adicciones, como a las drogas o al juego. Nuestro cerebro siempre pide más: más porno, más nuevo, más extremo… Por eso: ¡cuidado!

Otra afirmación que se suele oír es que la pornografía ayuda a explorar la sexualidad, que nos ayuda a conocernos, que nos educa resolviendo dudas sexuales y que nos prepara para las relaciones sexuales. Pero la pornografía no es un buen profesor, al contrario. En la pornografía no nos encontramos con alguien de carne y hueso a quien querer, si no alguien que se convierte en un objeto de deseo, alguien a quien usar para nuestro placer. Además, los estudios científicos nos enseñan que el porno promueve prácticas sexuales de riesgo, aumenta la violencia como medio para obtener placer, modifica y disminuye el deseo sexual (ya que ninguna experiencia real logra ser como lo que se ve en internet), altera la relación con nuestro cuerpo, sexualiza los menores, aumenta las disfunciones sexuales, y nos aleja de las verdaderas relaciones significativas.

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¿Por qué es un problema la pornografía?

El problema de la pornografía es que es anónima, es decir, es posible consumir sin que nadie lo sepa; es asequible y accesible, porque sólo hace falta hacer click en el móvil o el ordenador que todos tenemos; es aceptada, ya mucha gente piensa que es algo normal y que no es un problema; es agresiva, tanto por el gran número de vídeos pornográficos que contienen alguna forma de violencia, como porque su consumo incita a la agresividad sexual; y es adictiva, engancha con mucha, mucha facilidad. 

Por otra parte, muchas veces la pornografía es utilizada como un regulador emocional, una forma de combatir el sentirse mal, aburrido, estresado, frustrado, ansioso, enfadado o triste. Ver porno activa el instinto de reproducción, absorbe la atención y nos distrae de nuestro malestar, hace sentir placer a nivel cerebral… y, por tanto, nos hace sentir mejor, aunque sólo sea por un momento. Esto nos hace entrar con mucha facilidad en un bucle, poco a poco se va instaurando un hábito y una adicción. Es importante encontrar formas sanas y equilibradas de regulación emocional, como la expresión emocional, el contacto con nuestros seres queridos, el ocio, el deporte, o la relajación.

Por desgracia, la pornografía online es un negocio muy importante que factura mucho dinero al año, un negocio oscuro pues un gran número de vídeos contienen pornografía infantil y violencia contra la mujer. Cada visualización alimenta a una industria que juega con nuestro deseo de ser queridos y de querer, que denigra a la mujer y a los menores, que se beneficia de la adicción a su producto.

En el año 2022, la asociación Dale una vuelta publicó un documental que analiza los efectos de la pornografía a través de un testimonio real. Su objetivo es ofrecer luz sobre los peligros de la pornografía y poder vivir la sexualidad de manera sana. Si estás interesado en profundizar en este tema también puedes ver o escuchar este vídeo de la Asociación Necesito Terapia. 

Si quieres más información, o crees que te podemos ayudar, no dudes en ponerte en contacto con nosotros. Estaremos encantados de atenderte.

Carlos Renedo González.

Celia López Pérez.

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