La última semana vivimos un “apagón de las redes sociales”. Durante aproximadamente seis horas, el mundo pareció “apagarse”. Y así es como millones de personas en todo el mundo se han sentido. Apagadas. “Ahora, ¿Qué hago?”, “quedé en hablar con él esta tarde, no le llegan los mensajes…” “tengo que publicar una historia o mis seguidores disminuirán”…
Es un hecho que las redes sociales están a la orden del día y que gracias a ellas nos podemos comunicar a miles de kilómetros de distancia, podemos saber de nuestras personas cercanas o de personalidades que nos interesan gracias a las publicaciones de sus redes sociales. Han aparecido nuevos trabajos que se fundamentan en las redes sociales, como por ejemplo, los y las “influencers”. Es innegable que el whatsapp se ha convertido en una herramienta de trabajo en muchos oficios. Sin embargo, me gustaría que nos detuviésemos a pensar en aquellas personas para las cuales esas seis horas se hicieron eternas. En esos individuos que comenzaron a sentir sudoración en su cuerpo, o nerviosismo hasta el punto de poder llegar a padecer un cuadro ansiógeno, por no poder hacer uso de las redes sociales.
Este acontecimiento fue noticia en todos los medios de comunicación, resaltando las
pérdidas económicas que ocasionaron al dueño de estas tres grandes redes sociales.
Pero, ¿Qué pérdidas se produjeron en las personas? ¿Por qué ha ocasionado sensación de soledad, de pérdida, angustia, aburrimiento…?

Es posible que muchos de nosotros vivamos anclados a una red social, sin poder pasar un determinado tiempo sin ella, y es por este motivo que sería interesante analizar y trabajar en la dependencia que nos crea. Pues todo lo que nos ata o nos hace depender de ello, nos indica qué es conveniente trabajar en ello, ya que denota que algo no marcha de manera adecuada.
Qué importante es poder parar y “bajarnos” del ritmo frenético de la vida diaria. Qué satisfactorio es poder desconectar un tiempo de las redes sociales. Poder, durante un tiempo, disfrutar de una buena conversación sin que el “bip,bip” se interponga en ella. Qué importante es, poder disfrutar de una buena lectura, o de tu canción favorita. Qué importante es poder frenar, desconectar tu “piloto automático” y disfrutar de un tiempo para ti, para apreciar los sonidos de tu alrededor, para disfrutar de cualquier compañía que puedas tener en ese momento, de una buena película, serie, de dar un paseo con tu mascota y poder apreciar los sonidos que emana la calle…
Os propongo que tratemos de buscar este espacio tan sanador para cualquiera de nosotros, sin que dependamos de “un apagón”. Añadir un tiempo, el que tu consideres, a sentir, escuchar, oler o disfrutar de la compañía que tienes al lado. Te invito a que dirijas y seas tú el que decida apagar por un tiempo, las redes sociales.
Si quieres saber más, sientes que no puedes desconectar de las redes sociales o tienes cualquier duda, ponte en contacto con nosotros sin compromiso. ¡Te esperamos!
Elena Marín Greco.
Psicóloga Sanitaria de Psience.

