Cada vez que repaso las partidas de los grandes campeones descubro que, bajo presión, eran más eficaces. Garry Kasparov.

La presión psicológica viene determinada por lo capacitado o no que te ves de cara a superar un reto que se te pone de por medio.

Su aparición desmedida, en el caso del deporte, puede provocar una serie de síntomas (taquicardias, temblores, sensación de ahogo, bloqueos, etc.) que te impedirán exprimir todo tu potencial. En definitiva, es un factor que irremediablemente conduce a un mal rendimiento.

Este efecto puede tener consecuencias como realizar movimientos incomprensibles, bloqueos, así como una gran dificultad para focalizar la atención en lo que está sucediendo.

Se asocia con altos niveles de ansiedad o estrés en la persona que lo padece. Y aparecerá cuando consideres que ni sus capacidades ni tus habilidades son suficientes para hacer frente a la situación que se te presenta (por ejemplo, una competición importante).

Se cree que una de las principales causas es el miedo a la evaluación negativa, es decir, temor a opiniones desfavorables por parte de los demás. Esto producirá un aumento en la activación fisiológica del deportista.

Otros aspectos que pueden generar dicha presión son los siguientes:

-Lo capacitado que te veas para afrontar una competición (“Mi rival es mejor y voy a perder” vs “puedo hacerlo bien, estoy preparado”).

-La importancia que des al evento en cuestión (“Es la única oportunidad que voy a tener para darme a conocer” vs “me queda carrera por delante pase lo que pase”).

-El valor que otorgas tanto a una posible derrota (“si pierdo seré un fracasado” vs “Si pierdo ya veré que hice mal y lo trabajaré”) como a la victoria (“Debo de ganar si no todo el entrenamiento no habrá servido de nada” o “Voy a tratar de estar cómodo en la competición”).

-Así como las expectativas que tú y tu entorno puedan generar (“Tengo que ganar porque si no decepcionaré a mi entrenador y compañeros” vs “trataré de sacar el trabajo realizado en los entrenos”).

Otra de las causas es el mismo miedo a que vuelva ocurrir, a volver a padecer los síntomas de la ansiedad que ya se han padecido con anterioridad. Y sabiendo, por supuesto, que estos síntomas no sólo impedirán mostrar tu verdadero potencial, si no que también te harán pasar un mal rato.

Para reducir esta presión, en un primer momento lo que más te puede ayudar es aprender a detectar, en función de lo leído, si puedes estar ejerciéndote más presión de la que deberías. Trata siempre de dejar en segundo plano las consecuencias de ganar o perder.

Recuerda que siempre, siempre, lo mejor va a ser centrarte en el rendimiento, en lo que vas a hacer, no así en el resultado y las consecuencias de este. También, tener un lenguaje y un pensamiento positivos de cara a la prueba, pero siendo realistas.

Es importante que hagas hincapié en esto último, de nada vale mensajes positivos Mr Wonderfull de “todo va a salir bien”, “lo voy a conseguir”, etc. Cuando realmente no tienes ni idea de lo que va a ocurrir. Lo único que conseguirá esto es crearte una falsa confianza basada en unas expectativas elevadas que de no cumplirse, generará en ti sentimientos de frustración y tristeza.

Céntrate en verdades que te ayuden a estar confiado de tus posibilidades y le quiten hierro al asunto: “he entrenado bien”, “estoy preparado para lo que venga”, “solo es una competición más”, etc. Y por supuesto, no desestimes la ayuda que un psicólogo del deporte puede hacer por ti en estos momentos.

Si quieres más información, o crees que te podemos ayudar, no dudes en contactar con nosotros.

José García Donate.

Psicólogo sanitario y deportivo de Psience.

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