Posiblemente sea algo generalizado, que transciende culturalmente en este tiempo moderno que nos ha tocado vivir, ese momento de la infancia en el que recibimos por parte de nuestra familia (o del propio profesorado de nuestro centro educativo) la famosa frase de:
“Tienes que ser alguien en la vida”
En ese momento (y aunque creamos que no), este imperativo se tatúa en nuestro cerebro, y nos va acompañando a lo largo de nuestra vida. Y crea cierta sensación de incomodidad por todos los estigmas que trae consigo porque, ¿realmente alguien sabe lo que es “ser alguien en la vida”?
Esta frase hecha puede ir acompañada de más aseveraciones, como por ejemplo:
- Estudia porque tienes que ser alguien en la vida.
- Consigue un buen trabajo si quieres ser alguien en la vida.
- Cásate si quieres ser alguien en la vida.
- Cómprate el último Iphone para demostrar que eres alguien en la vida.
Y aunque todo lo que hemos expuesto anteriormente parece de un carácter frívolo, esta frase que nace desde la más tierna infancia conlleva unos sentimientos complejos: desde sentirse marginado, apartado, incapaz, junto con una baja autoestima, falta de reconocimiento, deseos insatisfechos, metas abandonadas…
Pero hoy vamos a desmembrar esa vocecita interna que nace de la necesidad de “ser alguien”. Esa voz que es el primer paso en la búsqueda de la validación social.
¡Madre mía Sonsoles, ¡madre mía Sonsoles! ¡Ya me advertía mi madre que mi pelo era mi marca de identidad! Que dejara de tocarlo, que iba a estar feísima si me lo destrozaba… ¿Y ahora qué voy a hacer? Ese color naranja me sienta fatal y sé lo que va a pasar… Lo sé. El viernes todo el mundo se va a reír de mí. Lo sé. Incluso Julián se va a avergonzar de mí. Lo sé. Va a dejar de quedar conmigo porque doy asco. Lo sé. Voy a estar tan triste que no voy a salir de casa. Lo sé. Igualmente voy a suspender todos los exámenes. Lo sé. No voy a llegar a sacarme la carrera. Lo sé. No voy a ser nadie.
Entendemos (e incluso empatizamos) con el disgusto de encontrarnos con un resultado que no era el esperado. Hasta ahí todo bien.
Pero el problema es cuando ese resultado, hablando coloquialmente, se nos va de las manos. Y, finalmente, acabamos sumergidos en un diálogo interno que es un bucle de pensamientos catastróficos y exagerados que se retroalimentan entre sí.
¿Es real el escenario que plantea Sonsoles? ¿De su pelo depende el futuro de su carrera? Parece que la necesidad de ser alguien nos lleva a valorarnos basándonos en nuestras posesiones, características físicas, metas o logros. Pero, honestamente, ¿realmente “ser alguien” tiene que ver con eso?
Llegados a este punto no podemos olvidar que existen diferentes estudios (dentro de la psicología social) que demuestran cómo una persona cambia (o bien de parecer o de comportamiento) si el resto del grupo tiene un parecer distinto al suyo. Para tener un ejemplo claro, ¿nunca te ha pasado que has obedecido una conformidad social por miedo al rechazo?

Los experimentos del psicólogo Solomon Asch demuestran la influencia de la presión social en el comportamiento. En uno de sus experimentos más populares, al sujeto experimental se le dejaba con otras personas en una habitación. Estas otras personas resultaban ser actores que habían recibido instrucciones concretas sobre cómo comportarse. A continuación, en el experimento se mostraba una imagen con tres líneas y se les pedía que identificaran la más larga. Los actores se apresuraban a responder eligiendo deliberadamente la línea equivocada, cometiendo un error visible y obvio. Los resultados mostraron que un 32% de los sujetos del ensayo dieron respuestas incorrectas, sometidos a la presión del grupo e invalidando sus propios puntos de vista, demostrando que las personas tienden a adaptarse al grupo a pesar de pruebas evidentes visuales.
Es más, existen investigaciones que (sobre todo en la adolescencia) encuentran una relación directa entre malos hábitos y la presión social, como por ejemplo el consumo de drogas.
Si formas parte del profesorado de un centro educativo, algunas estrategias para combatir la presión social en diferentes situaciones pasan por promover el trabajo en equipo, trabajar para favorecer un buen entorno, y reforzar el diálogo.
Si hablamos de forma individual, hay caminos para superar la necesidad de valoración externa:
- Decir que no es fundamental para tu salud mental y autoestima.
- ¡Muévete! La proactividad ayuda con los pensamientos automáticos.
- Trabaja tus temores e inseguridades.
- Refuerza tus criterios.
Por supuesto, pedir ayuda a un profesional te ayudará a conseguir tus objetivos: reforzar la autoestima, mejorar tus habilidades sociales… Si esto es lo que buscas no dudes en ponerte en contacto con nosotros para resolver cualquier duda.
Al final, la necesidad de ser alguien es más bien la necesidad de que otros nos digan que somos válidos, ya que desde la infancia nos preparan para tratar de conseguir logros materiales, y eso parece que nos convertirá en esa persona que todo el mundo quiere tener cerca. Y por supuesto que necesitamos autorrealizarnos, como bien expone la teoría de las necesidades de Maslow. Peo esta búsqueda o motivación no debe alejarse de ser uno mismo.
Para cerrar este blog queremos citar (a modo de consejo para Sonsoles) una frase de una celebridad:
“No estoy en este mundo para estar a la altura de tus expectativas y tú no estás en este mundo para estar a la altura de las mías”. Bruce Lee.

