Algunos mensajes como ¡No parece que quieras a tu hijo!, ¡tú no tienes ni idea!, quieres que te informe pero tú no me informas de nada, ¿qué clase de padre eres tú?… entre otros muchos ejemplos de reproches, acusaciones y mensajes hirientes son algo con lo que por desgracia se encuentran muchos niños cuyos padres han tomado la dura decisión de separarse.
Y es que, el divorcio conlleva siempre una serie de consecuencias altamente estresantes, pues supone un cambio en la estructura familiar. Cuando hay hijos de por medio, puede llegar a convertirse en una situación traumática si los progenitores, lejos de cooperar en sus funciones parentales de cuidado, educación y bienestar de los niños, se centran en disputas personales y/o judiciales donde sólo existen ganadores y perdedores. En este tipo de separaciones, donde los hijos se ven inmersos en el mismo conflicto (por voluntad propia o empujados a formar parte), es donde las consecuencias para su desarrollo emocional y conductual se harán más notables. Así, suelen acudir a consulta con síntomas de tristeza, baja autoestima, ansiedad, mal comportamiento, problemas escolares, etc. Investigaciones como la publicada en la revista ‘Child Development‘ señalan que el conflicto entre padres divorciados o separados incrementa las probabilidades de que los niños sientan miedo al abandono y padezcan dificultades físicas y trastornos mentales.

Resultan habituales en este tipo de separaciones conflictivas tres fenómenos psicológicos que complican aún más el proceso y la dinámica relacional:
1. El conflicto de lealtades. Se relaciona con las actitudes que tienen ciertos progenitores de convencer a los hijos (formando alianzas más o menos encubiertas) para intentar mitigar cualquier posible conexión con el otro progenitor. En ocasiones, los padres transmiten a sus hijos, que deben preferir a uno frente al otro, que deben tener más intimidad o confianza con uno de ellos, sometiendo a los hijos (sin quererlo) a ser juzgadores. Sin embargo, la mayoría de los hijos desean pasar tiempo con ambos padres, pues quieren a los dos. Otra forma de enfrentar a los hijos se produce cuando alguno de los padres intenta que los hijos manifiesten su opinión delante de un juez con el fin de determinar con quién debe quedarse a convivir, y cómo deben ser las comunicaciones con el padre con el que no conviva.
2. La parentificación. Ante la ausencia de uno de los padres, muchos niños reaccionan asumiendo el papel del progenitor con el que no conviven y realizan funciones que no son propias de su edad, como si tuvieran una responsabilidad de protección con su otro progenitor y/o hermanos. Hay dos tipos: instrumental (cuidados de hermanos, tareas domésticas) y emocional (prestar apoyo emocional, sobreprotección del otro cónyuge, ser confidente).
3. La alienación parental. Es la interrupción brusca del afecto de los hijos hacia un progenitor, lo que les hace partícipes del conflicto interparental. Supone una forma de maltrato encubierto donde abundan los chantajes, amenazas y castigos emocionales. Las verbalizaciones negativas, continuas descalificaciones, distorsiones de la imagen del otro padre, imposiciones del progenitor alienador hacia los hijos se retroalimentan por sí mismas y buscan que sea el hijo quien asuma una imagen negativa del progenitor y tome la iniciativa de eliminar cualquier relación con su progenitor. Las actitudes negativas de los hijos son recompensadas y se establece una coalición con ese padre frente al otro. Los hijos empiezan asumiendo esas verbalizaciones destructivas para “no defraudar” al progenitor con el que mantiene la alianza, para después aceptar y asumir la imagen distorsionada de su otro padre que ha sido impuesta por el otro progenitor como realidad única, destruyendo la relación.

¿Cómo actuar para evitar las consecuencias de un divorcio conflictivo en los niños?
- Explícale lo que sucede con claridad. A la hora de comunicar la decisión del divorcio, es importante que ambos progenitores estén presentes, ya que esto le dará mayor seguridad al niño y no se sentirá abandonado por uno de ellos.
- Hazle saber que no es su culpa. Muchos niños se sienten culpables por la separación de sus padres, creen que el divorcio se debe a su comportamiento.
- Dale los detalles que necesita saber para dar seguridad y confianza. Los detalles justos y necesarios, no excesivos.
- Valida sus emociones y anímale a hablar de ellas
- Mantén la rutina, incluyendo nuevas actividades motivadoras que el niño disfrute para hacerle comprender que se puede seguir disfrutando.
- No hables mal del otro progenitor. El niño os quiere a ambos padres. Siempre debe prevalecer el bien del niño, y lo mejor para este es que sus padres sigan queriéndole y apoyándole como siempre.
- No abandones ni descuides a tu hijo pues es habitual que los niños se conviertan en cuidadores del padre, asumiendo roles y responsabilidades para los cuales no están preparados.
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Cristina Mencía Aguado.
Psicóloga Sanitaria de Psience.

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