Hace algunas décadas, un psicólogo llamado Martin Seligman empezó a estudiar con ratas un fenómeno que tenía lugar en determinadas circunstancias.

Colocaba a una ratita en una caja con un pasillo, donde al final esperaba un trozo de queso, o una recompensa en cualquier caso. Pero cada vez que la rata se acercaba al queso recibía una descarga eléctrica. Y eso se repetía todas las veces que la rata lo intentaba. Nunca conseguía su recompensa. Los calambres seguían sucediendo hasta que después de muchas repeticiones, la ratita dejó de intentarlo. Seligman llamó a esto indefensión aprendida, a esta respuesta de renunciar a la recompensa y dejar de intentarlo. Esa misma rata que había aprendido a estar indefensa, cuando era reubicada en una nueva situación en la que no iba a recibir la descarga eléctrica y podía acceder sin problemas a la recompensa, se mostraba sin embargo paralizada y no intentaba si quiera acercarse a su premio. La indefensión aprendida seguía bloqueando cualquier otra respuesta y parecía generalizarse a situaciones similares. Impedía a la rata explorar alternativas, y se percibía, en la nueva situación, tan indefensa como en la anterior. Es decir, aunque la situación o el estímulo desagradable fueran evitables, quienes habían aprendido a sentirse indefensos ni siquiera lo llegaban a descubrir.

a fearful woman having claustrophobia in a cabinet

Las personas también aprendemos a sentirnos indefensos. Por ejemplo, cuando una persona es castigada continuamente sin importar lo que haga, o cuando nuestro entorno o nuestros otros significativos nunca parecen estar satisfechos con lo que hacemos, y nuestro esfuerzo parece siempre en vano.

La indefensión aprendida empieza por desgastar poco a poco nuestra confianza en nosotros mismos, nuestra autoestima, nuestra percepción como personas capaces, y nuestra sensación de control de las circunstancias y el entorno. Y termina por bloquear nuestras fortalezas y nuestra capacidad para actuar, minando por completo nuestra motivación, haciéndonos sentir incapaces e indefensos, sin ningún control sobre aquello que nos ocurre. Esto nos hace muy vulnerables emocionalmente, tanto por la propia sensación tan ansiógena que supone sentirse indefenso, como por la renuncia silenciosa a la que nos conduce, alejándonos de nuestros valores, metas y propósitos. Además, cuando nos sentimos indefensos, tendemos a percibirnos como víctimas de las circunstancias, lo cual al mismo tiempo dificulta más todavía que tomemos responsabilidad sobre lo que nos sucede.

Las personas indefensas necesitan generar alternativas para poner remedio a la percepción de indefensión. Afortunadamente, la psicoterapia es un medio muy eficaz para ayudar a la persona a que genere sus propias alternativas y cambie esta forma de sentirse y percibirse. No estás indefenso, es sólo que no dispones de las habilidades o los recursos para solucionar un problema.

Si quieres saber más, o crees que podemos ayudarte, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

David Alonso Vidal.

Psicólogo Sanitario de Psience.

Psicólogo online. Psicólogo a domicilio. Psicólogo en Arroyomolinos. Psicología para niños, adolescentes y adultos.

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