La Teoría de la Atribución es un concepto propuesto inicialmente por Heider a finales de los años cincuenta. Esta teoría trata de abordar la forma en que percibimos y explicamos el comportamiento de las personas a través de procesos atributivos, o procesos de atribución.

Es decir, Heider propuso una manera de entender las explicaciones que nos damos a nosotros mismos acerca de por qué las personas se comportan como lo hacen. Pero no sólo eso. Las atribuciones van más allá. En primer lugar, entender el porqué de la conducta de los demás nos ayuda a darle sentido al mundo social. Y en segundo lugar, estas atribuciones también son el proceso a través del cual formarnos una imagen de cada persona. Utilizamos las atribuciones para decidir, en base a la conducta que observamos en los demás, cuáles son sus actitudes y sus rasgos de personalidad.

Heider agrupó inicialmente los procesos atributivos en dos categorías amplias:

  • Atribuciones internas: es decir, cuando explicamos la conducta de los demás en función de características internas, personales, como rasgos de personalidad o su forma de ser.
  • Atribuciones externas: cuando el proceso de atribución hace alusión a las circunstancias externas y a factores ajenos al individuo.

Posteriormente, a la teoría inicial se fueron añadiendo nuevos elementos para entender los procesos atributivos, como los conceptos de estabilidad y controlabilidad. La estabilidad en el contexto de la Teoría de la Atribución se refiere a la manera en que puede o no fluctuar en el tiempo la causa atribuida de la conducta. Mientras que la controlabilidad hace referencia a la posibilidad o no de que los factores a los que se atribuye una conducta dependan del propio individuo.

Por ejemplo, la percepción que se tiene de alguien puede ser muy distinta si se atribuye su mal resultado en un examen a una falta de capacidad (una atribución interna, estable e incontrolable) o bien a una falta de motivación (una atribución también interna, pero inestable), y la diferencia puede ser aún mayor si la atribución se hace a factores externos.

En definitiva, la manera en la que, inconscientemente, se juzga a las personas, está muy relacionada con las atribuciones que se hacen de sus actos.

Sin embargo, y como se acaba de señalar, las atribuciones se llevan a cabo de manera inconsciente y automática la mayor parte de las veces. Están basadas en las propias creencias y esquemas mentales del individuo, y son procesos altamente sesgados, tal y como se descubrió dos décadas después de la publicación de la teoría de Heider.

Fue a finales de los setenta cuando el autor Lee Ross, en base a sus investigaciones en el campo de la Psicología Social, describió el Error Fundamental de Atribución, también conocido como Sesgo de Correspondencia.

Este es el sesgo más habitual que cometen las personas en sus procesos atributivos. Se trata de una tendencia a atribuir a causas internas el comportamiento de los demás, incluso habiendo causas externas claras.

A este sesgo se le denominó “error fundamental de atribución” por lo generalizado que está en la población. Sin embargo no es el único sesgo que cometemos. Otro de los grandes sesgos que cometemos a la hora de hacer atribuciones es el denominado “efecto actor-observador”, y resulta casi una continuación del error fundamental de atribución.

El efecto actor-observador es una tendencia generalizada a atribuir nuestra propia conducta a factores externos o situacionales, mientras que atribuimos el comportamiento de los demás a causas internas. Es decir, si vemos a otra persona tropezarse, atribuiremos este hecho a su “torpeza”, mientras que si nos ocurre a nosotros, tenderemos a atribuirlo a causas externas, como las irregularidades en el suelo que pisamos. Sin embargo también existe un sesgo de auto-beneficio que facilita que atribuyamos haber obtenido un éxito o un buen resultado a causas internas, mientras que los errores o fracasos los atribuimos a causas externas.

Algunas explicaciones sugieren que este tipo de sesgos provienen de la necesidad de proteger la propia autoestima. De hecho, se ha observado un sesgo opuesto en personas que sufren depresión, lo que se conoce como un patrón de atribución contraproducente: la atribución de resultados positivos a causas externas, como la suerte, y la atribución de resultados negativos causas internas y estables, como la propia personalidad. Esto facilita sin duda que las personas se culpen a sí mismas de lo que les sucede y mantengan una imagen negativa de sí mismos. Este patrón de atribución resulta ser en estos casos un proceso inconsciente que daña la autoestima y mantiene y agrava el problema emocional.

¿Hasta qué punto eres consciente de tus atribuciones, y de la manera en que afectan a tu percepción de los demás? ¿Te has dado cuenta en que incluso la forma en que te relacionas con el mundo y contigo mismo pueden estar relacionados con estos procesos tan automáticos e inconscientes? Te invitamos a reflexionar sobre todo esto, y a ponerte en contacto con nosotros para resolver tus dudas o si crees que te podemos ayudar.

David Alonso Vidal.

Psicólogo Sanitario de Psience.

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4 comentarios

    1. Buenas Cristo. Gracias por comentar. Puedes encontrar toda la información sobre la Teoría de la Atribución en cualquier manual de Psicología Social. En nuestro caso, el que siempre tenemos a mano es el de Baron y Byrne de la Editorial Pearson. Allí puedes encontrar mucha bibliografía sobre este tema. Generalmente, en los artículos divulgativos de blog no añadimos bibliografía al estar dirigidos al público general. Un saludo

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