En estos días de confinamiento, tan insólitos para todos nosotros, es importante la salud física (evitar las enfermedades, mantenernos en forma, comer de manera saludable, etc.) También cobra gran relevancia la salud mental, ya que influyen notablemente la una en la otra a la hora de conseguir un bienestar completo.
La salud mental, el equilibrio que hasta ahora veníamos manteniendo, puede verse fácilmente afectada por la situación que vivimos actualmente.

«Promover el autocuidado será nuestro mayor aliado«.
A pesar de que llevamos ya muchos días en casa, con todas las dificultades que acompañan a estos momentos, poco a poco vamos adaptándonos. Aunque este sigue siendo un escenario nuevo para todos nosotros y parece prolongarse cada vez más.
Como expertos, os ofrecemos tres recomendaciones para facilitar el equilibrio psicológico lo que queda de cuarentena.
1. Apreciar el presente.
En estos días muchos de nosotros hemos echado la vista atrás, recordando momentos felices en los que todo eran sonrisas y despreocupación (curioso el cerebro que parece tener memoria selectiva) y echando de menos aquellos tiempos y personas con las que compartimos esos instantes. También hemos sentido miedo e incertidumbre por el futuro que nos espera. Por lo que hemos de aprender a valorar el presente y las oportunidades que nos ofrece.
Tantas veces hemos dicho aquello de “me gustaría hacerlo si tuviera tiempo” o “no sé cómo lo haces para que te de tiempo a hacer tantas cosas”, y otras expresiones similares que indican nuestra falta de tiempo en el día a día para dedicarnos a actividades que nos gustarían pero que no podemos llevar a cabo o sentimos que tienen poca prioridad.
¡Aprovechemos este tiempo que tenemos ahora para hacer todo aquello que siempre hemos querido! No tienen por qué ser grandes cosas, puede tratarse simplemente de hacer más comida casera, escuchar música, jugar con los más pequeños o ver esa serie que tenías pendiente. Lo importante es que tomemos este tiempo que parece en «stand by» y lo llenemos no sólo con lo que «tengamos que hacer», sino con lo que nos apetece hacer y nos hace sentir bien. Probablemente, el primer paso sea identificar esas actividades que recargan nuestra energía.
Pongámonos manos a la obra para encontrar la motivación en las pequeñas cosas. Al igual que en nuestro día a día de antes, es importante mantener una rutina y sentirnos productivos, pero también relajarnos y disfrutar.
Si por el contrario tenemos un poco de energía extra, esta situación que remueve nuestras emociones puede ayudarnos a ser creativos e inspirarnos, a sacar ese don que tenemos, o bien descubrirlo con diferentes actividades.
Permitirnos no ser productivos y sentirnos con pocas ganas y energía también es atender a nuestro presente, a la situación actual y a nuestra realidad.
Haciendo referencia a Viktor Frankl, neurólogo y psiquiatra austriaco que vivió la terrible realidad de los campos de concentración, “las personas siempre podemos dar un sentido a nuestras vidas, independientemente de las circunstancias en que nos encontremos; esta búsqueda de significado constituye la principal motivación vital”. Muchas veces no podemos cambiar nuestras circunstancias, pero sí la forma en la que percibimos esa situación y respondemos ante ella.
2. Prestar atención a nuestras emociones.
Un error muy común que solemos cometer es el de intentar ignorar las emociones que experimentamos como negativas porque generan cierto malestar o incomodidad, a veces por ser demasiado intensas tratamos de evitarlas o intentar transformarlas en otras más placenteras.
Todas las emociones cumplen una función por lo que es esencial escucharnos, validarnos y entender nuestras necesidades. No todos los días podemos sentirnos optimistas y luchadores. También habrá días en los que nos encontremos tristes o sin energía.
Debemos darnos tiempo para reflexionar, para sanar, para entendernos. Pretender tapar esas emociones con otras impide que se resuelva cada proceso emocional, y en consecuencia podrán aparecer otras emociones más desagradables e intensas, como la angustia o la apatía. Poco a poco podemos ir buscando aquello que nos ayude a sentirnos mejor. Por ejemplo, escribir cómo nos encontramos, apoyarnos en amigos o familiares u otras técnicas que sabemos que nos hacen sentir mejor como hacer ejercicio, escuchar música o realizar alguna técnica de relajación.
Cuando nos sintamos vulnerables, debemos darnos prioridad y hacer aquello que nos ayude y beneficie, no se trata de ser egoísta si no de saber que para ayudar a otros necesitamos estar bien nosotros.
En caso de que estas emociones se vuelvan muy intensas y perturben nuestro bienestar y no saber cómo controlarlas, siempre es bueno pedir ayuda a un profesional que nos dará estrategias para guiarnos a volver al equilibrio emocional.

3. Agradecer.
Otra acción que puede ser muy beneficiosa para nosotros es tomarnos un tiempo al día para agradecer lo que tenemos. Los aplausos no deben caer en algo automático y sin significado. Es importante dar las gracias, aunque sea internamente, a aquello que nos hace sentir bien y a salvo: los sanitarios y profesionales expuestos, nuestros padres, nuestra familia y amigos, nuestro planeta, a algo más allá de ti y en lo que tú creas, y por supuesto a uno mismo.
Os proponemos realizar un diario de gratificaciones donde cada día podemos dar las gracias por algo externo o interno o a alguien, ese alguien también puedes ser tú.
El agradecimiento nos puede ayudar a devolvernos la perspectiva, a no caer en la desidia y la tristeza y recordarnos que somos afortunados.
Contacta con nosotros sin compromiso e infórmate.
Henar Pérez Llorente.
Psicóloga Sanitaria de Psience.

