Lo siento por llorar

Un señor de 54 años se ha sentado hoy frente a mí. Tras unas pocas palabras, y quizá en parte por ese halo misterioso que envuelve el aire de la sala en la que trabajo, este hombre rompe a llorar. Al principio se resiste, mientras se le humedecen los ojos. Trata de aguantar, de no …