El concepto de autoestima ha sido uno de los más confusos, cuestionados y analizados a lo largo de la historia de la psicología. La mayoría de expertos concluyen que la base de la autoestima se crea en la infancia y a lo largo de nuestra vida continúa nutriéndose con las situaciones, las vivencias, las relaciones, las circunstancias y las herramientas con las que contemos cada uno de nosotros.
La autoestima va a depender en gran medida del contexto socio-cultural en el cual nos encontremos, pues dichos contextos diferirán en qué consideramos qué es una autoestima sana. Y en nuestro contexto, parece que las tecnologías están a la orden del día y juegan un papel fundamental en nuestra manera de relacionarnos, tanto profesional como personalmente.

Las redes sociales (Instagram, Facebook, Tik-tok, etc) son herramientas que nos permiten conectarnos con otras personas y estar al tanto de la vida de amigos y familiares de forma cómoda a la vez que divertida. Son herramientas de entretenimiento y comunicación que pueden convertirse en un problema cuando su uso repercute de forma negativa en el comportamiento, carácter y la autoestima del individuo. Por ejemplo, en múltiples ocasiones se ha asociado el uso de las redes sociales con aspectos negativos como el estrés, un menor autocontrol, una mayor sensación de soledad y una menor felicidad.
Esto se debe en gran medida a la importancia que le damos a la apariencia que tenemos en ellas y por tanto a sentir que agradamos al otro. En ocasiones se ha convertido en una competición a ver cuántos “me gusta/likes” tienen nuestras publicaciones en comparación con el otro.
También nos hace comparar lo que no tenemos frente a la otra persona, a través de las publicaciones: ropa de marca, viajes, relaciones, popularidad y cuerpos perfectos, pudiendo incluso llegar a confundir el mundo virtual de las redes sociales con lo real. Es decir, que una serie de procesos mentales pueden conducirnos a un sentimiento de inferioridad como consecuencia de compararnos con otra persona, independientemente de que la diferencia percibida exista objetivamente o no.

En este sentido hay una gran cantidad de personas adultas y en especial de adolescentes, que dada la etapa de desarrollo madurativa en la que se encuentran inmersos, en la cual la imagen y las relaciones con sus iguales cumplen una función primordial en su día a día, tienden a valorar su propia autoestima en función del número de likes que consiguen en sus publicaciones. Si reciben valoraciones positivas por parte de otras personas, sienten un efecto agradable y sensación de aceptación social, unido a un sentimiento de éxito que repercute directamente sobre su autoestima. Cuando por el contrario, las valoraciones positivas no llegan o no alcanzan las expectativas que tenían, se crea una sensación contraria de no aceptación o de valoración negativa de sí mismos.
Esto conlleva además estados de estrés, en los cuales los individuos sienten una necesidad constante de hacer comprobaciones en las redes y verificar si las expectativas se cumplen o no, pudiendo llegar a interferir en los encuentros que esa persona pueda estar manteniendo en ese momento o incluso con el trabajo, universidad, instituto etc. En definitiva, interfiriendo directamente con el aquí y ahora y la vida real, con la posibilidad de vivir el presente y sentirse satisfechos y felices en cada momento y lugar.
El problema es que lo que debería ser una herramienta de pasatiempo divertida o una herramienta de comunicación con el otro, se convierte en una herramienta que provoca estrés, sufrimiento y malestar individual creando sensaciones de inferioridad y disminuyendo la confianza en uno mismo.
Por ello es fundamental diferenciar lo que se publica en una red social con lo que realmente es cada uno en su vida diaria y potenciar el valor individual que cada uno tiene de sí mismo tratando de minimizar las comparaciones con el otro.

Es importante por tanto que tengamos en cuenta una serie de estrategias para potenciar nuestra autoestima:
Acepta lo que tienes y lo que eres, para ello es posible realizar técnicas de relajación, Mindfulness, Yoga o ejercicios para aceptar el momento presente, los pensamientos que tienes y en definitiva aceptarte a ti mismo.
Piensa de otra forma: trata de cambiar el foco. El “no puedo” por “voy a intentarlo”.
Ponte metas realistas que puedas cumplir. Poco a poco las puedes aumentar. Si fracasamos, aprendamos de ello sin culparnos de nuestros errores, ya que fallar es una manera de aprender cómo hacerlo de manera distinta la próxima vez.
No te compares: el mundo exterior es sólo una “pantalla” detrás de la cual no sabemos qué circunstancias hay. Siempre puede haber alguien mejor, igual que siempre puede haber alguien peor, pero si nos centramos en cómo podemos mejorar nosotros, conseguiremos no focalizar la atención en el otro y ser mejores con nosotros mismos.
Trátate con cariño y respeto. Tienes derecho a ser feliz y transmitirlo a los demás.
Cada noche antes de acostarte puedes pensar al menos tres cosas positivas que te ha traído el día (errores que has superado, paisaje bonito que has podido percibir, una bonita conversación, un rato de lectura etc.), no sólo mejorará tu conciliación y calidad de sueño sino que potenciará tu sensación de bienestar y de autoconfianza.
Si te sientes inidentificado o quieres mejorar tu autoestima no dudes en ponerte en contacto con nosotros ya que estaremos encantados de ayudarte.
Elena Marín Greco.
Psicóloga colaboradora de Psience.


Me encanta leeros. Vuestros consejos y vuestra visión de cada situación me animan el día.
Muchas gracias Estefanía!!
Gracias Elena por tus artículos, ¡esclarecen y ayudan!