Nos hemos encontrado este fin de semana con un acontecimiento histórico. Un temporal de nieve que ha dejado sepultada toda la Comunidad de Madrid. Nos ha traído la mayor nevada desde 1971, y con ella, nos ha traído también algunas emociones encontradas.
Entre ellas, el shock en que nos hemos encontrado desde el viernes por la tarde. La sensación de no me puedo creer la que nos está cayendo. Un impacto inicial que se sostiene al ver que ni paraba, ni iba parar según los pronósticos en los dos días siguientes. Un shock al ver que las carreteras colapsan y se vuelven intransitables. Muchos que se fueron hasta la tarde, posiblemente no puedan regresar a sus casas. Muchos pueblos han quedado totalmente incomunicados durante el fin de semana. Al día siguiente muchos supermercados no pueden abrir y sólo algunos pequeños negocios locales pueden acoger las necesidades de la gente. Nos encontramos una nueva forma de confinamiento que se añade a los que hemos experimentado con la pandemia. Nos preocupa terminar uno de los años más tristes del siglo XXI y empezar un nuevo año de esta manera.
A este impacto que todos hemos experimentado, podemos sumarle el trauma de aquellos que han quedado atrapados en numerosas carreteras. Han tenido que pasar una noche entera encerrados en sus coches enfrentándose a la hipotermia y a la deshidratación, a la eterna espera de unos servicios de emergencias que no han parado de trabajar en todo el fin de semana.

Madrid no es un lugar preparado para una nevada de este calibre, y cuenta con recursos muy limitados para hacerle frente. En consecuencia, nos hemos encontrado con numerosos daños causados por el temporal: tejados derrumbados por el peso, árboles caídos sobre los coches, fachadas y mobiliario urbano… Y la perplejidad que acompaña a todos estos incidentes: la incredulidad que supone encontrarte un árbol caído sobre tu coche, y que los servicios de emergencias no puedan ayudarte hasta dentro de unos días, a causa del colapso y la sobrecarga de trabajo que atraviesan. Además de esto, y aún más grave, hemos sufrido daños personales: accidentes de tráfico que se han producido constantemente en los primeros instantes del peor momento de la nevada, antes de que los conductores decidieran renunciar a desplazarse en coche, así como las víctimas mortales que se ha cobrado Filomena.
Todas estas son razones suficientes para experimentar este acontecimiento como algo traumático. Sin embargo, tenemos otra cara en la misma moneda, otra cara en el mismo copo de nieve, de la que también hemos podido ser testigos y aunque no pueda reparar los daños causados, si puede ayudar mucho a sobrellevarlos.
Y es, por ejemplo, la ilusión que suscita la nieve en las personas casi de forma natural. La nieve tiene un efecto psicológico positivo sobre las personas y estadísticamente parece relacionarse con la sensación de felicidad. Así que parece tener su propia magia. Es como si los adultos se volviesen niños de nuevo, y su nueva prioridad fuese lanzar bolas de nieve y hacer muñecos. Los niños, por supuesto, sin tanta conciencia del daño, son los grandes afortunados del momento.

Además, en tiempo record y como si de una vieja costumbre se tratase, multitud de personas parecen haberse puesto de acuerdo en echar mano de sus equipos de esquí o snowboard. Las calles se han convertido en cuestión de horas en pistas improvisadas. Algunos en la ciudad de Madrid se deslizaban en sus esquís por toda la Castellana y volvían en Metro para repetir, utilizando el transporte público a modo de telesilla. Incluso hemos visto a alguien salir con sus perros tirando de un trineo. Hemos demostrado que, a pesar del shock, tenemos una sociedad increíblemente resiliente y creativa.
Y solidaria, por supuesto. Estos días también hemos sido testigos del servicio desinteresado a la comunidad al que siempre estamos dispuestos. Hemos visto vecinos empujando vehículos atascados en la nieve y el hielo, cuyos conductores se vieron sorprendidos por la intensa nevada y la repentina imposibilidad de transitar en coche. Se han creado varios grupos de Whatsapp y Telegram (como este grupo de Telegram) de conductores de vehículos 4×4 que se ofrecen a trasladar a trabajadores sanitarios o a personas que requieran asistencia sanitaria urgente. Vecinos que se ofrecen para limpiar las calles a golpe de pala, y otros que comparten lo que tienen en la nevera con aquellos que no pudieron hacer la compra a tiempo. Personas ocupándose de ofrecer un techo, comida y mantas a personas sin hogar. Una vez más, situaciones tan desastrosas como ésta acaban sacando lo mejor de nuestra sociedad.
Si necesitas algún consejo para afrontar mejor, o disfrutar más, de este histórico temporal, te dejamos algunas recomendaciones.
– Realiza actividades satisfactorias.
– Piensa en las ventajas.
– Evita focalizar constantemente en las consecuencias.
– Busca soluciones y mantén la paciencia.
– Permítete no estar bien y no te obligues a disfrutar de la nieve.
– Fomenta tu autocuidado.
– Disfruta en la medida de lo posible de la nieve, ya sea sólo o en familia.
– Sigue las recomendaciones de los profesionales y fomenta la prudencia.

Además, recuerda que siempre puedes aportar a la comunidad. Si tienes un 4×4, puedes ofrecerte a ayudar a trasladar a aquellos que no pueden volver a casa o ir a trabajar. Si conoces un refugio de personas sin hogar, puedes llevarles mantas o comida. Antes de arrancar el motor de tu coche, puedes dar unos golpes por si hay algún gato callejero cobijándose del frío. Puedes preguntar a tus vecinos si necesitan algo que a ti te pueda sobrar en la despensa. Puedes bajar a la calle con cualquier herramienta con la que puedas ayudar a despejar la calzada y poco a poco, volver a la normalidad.
De parte del equipo de Psience, deseamos que tú y los tuyos estéis bien, y no dejéis de tomar precauciones para estar seguros. Y sobre todo recuerda: año de nieves, año de bienes.
Celia López Pérez y David Alonso Vidal.
Psicólogos Sanitarios de Psience.

