Hoy he quedado con las amigas para tomar un café después de que los niños salgan del colegio. Mi pequeña se llama María, tiene 8 años y desde hace 1 año la observo con más (si cabe para una madre primeriza como yo) detalle.
La pequeña “jauría” está jugando por el centro comercial mientras yo observo. Los demás niños se encuentran en grupo chillando y persiguiendo, mientras María parece evitar el contacto de los otros niños. He tenido que levantarme para parar una pataleta bastante violenta porque un niño la ha “pillado” jugando al pillapilla.
Después de este incidente en el que tampoco me permite (como siempre) mimarla demasiado, me pide irnos a casa para alejarse del ruido, no le agrada. Me justifico con mis amigas y digo lo de siempre:
“Maria está cansada. Cuando tiene sueño se pone de muy mal humor”
Los años han pasado y mi pequeña ya no es tan pequeña, tiene 15 años. Y lo que pensaba que era una etapa típica de la infancia, y me esforzaba por no “compararla” con otros niños, se ha convertido en una personalidad definida y con mucha fuerza.
Este carácter nos ha dado problemas en su instituto. Sus profesores parecen estar de acuerdo en que María tiene un carácter que se encuentra cómodo en el conflicto, llegando a provocar situaciones límite, incluso violentas en clase.
María no presenta ningún respeto por los derechos de sus compañeros y se encuentra cómoda enfrentándose con cualquier forma de autoridad. Es imposible conseguir de ella el más mínimo acto de responsabilidad. Resulta cansado tener que estar atento constantemente ya que miente repetidamente. Y por mucho que en casa la intentamos “reconducirla”, no conseguimos que muestre el más mínimo arrepentimiento ante sus actos.
La tutora de María es la primera en hablarnos de la conducta antisocial de nuestra hija y nos recomienda buscar un psicólogo.
Y sinceramente, aunque el término “conducta antisocial” me quería sonar, tampoco tenía ni la más remota idea de lo que significaba. Solo le daba vueltas a un único pensamiento:
“¿Mi hija está enferma?”

En esta pequeña ficción, la protagonista María puede ser diagnosticada de trastorno de la personalidad antisocial a los 18 años, ya que esta es la edad mínima para que este diagnóstico pueda ser emitido.
Este trastorno de la personalidad se caracteriza por un patrón general de desprecio por las consecuencias y los derechos de los demás. El diagnóstico se realiza por criterios clínicos. El tratamiento generalmente combina un abordaje psicoterapéutico y psicofarmacológico.
Es un diagnóstico que resulta habitual, afectando aproximadamente a un 1,7% de la población, siendo hasta seis veces más común en hombres que en mujeres. No obstante es importante saber que la prevalencia de este trastorno disminuye con la edad. Eso significa que algunas personas que presentan un trastorno de la personalidad antisocial tienden a cambiar su conducta con el tiempo. Sin embargo muchos otros casos requieren de una intervención profesional.
En el caso de María, una variable que ha podido influir en el desarrollo de su personalidad ha sido una educación autoritaria, que le ha proporcionado tan sólo dos caminos posibles: sumisión o rebeldía.
En este tipo de diagnósticos de personalidad, los tratamientos suelen estar más centrados en el déficit de habilidades y en alcanzar metas a corto plazo. En concreto en el caso de adolescentes y jóvenes con trastorno antisocial de la personalidad, la intervención psicológica habitualmente se focaliza en las contigencias. Es decir, incrementar la consciencia de las consecuencias de la conducta, ya sean consecuencias deseadas o indeseadas, para facilitar la regulación del propio comportamiento.
Si te ha surgido alguna duda o ves reflejado a alguna persona en el perfil de María, contacta con nosotros, estaremos encantados de ayudarte.

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