Son muchas las preguntas que giran en torno a la Discapacidad Intelectual (abreviado, DI), desde el revuelo por su nueva definición hasta su sexualidad. Por ello, desde el equipo de Psience hemos decidido desmenuzar muchas de estas cuestiones.

¿Qué entendemos por discapacidad intelectual?

Podemos definir la Discapacidad Intelectual como una limitación de la conducta adaptativa. Cuesta mucho más adaptarse a los cambios que ocurren en contextos como la familia, el trabajo o el entorno en general. La definición de DI ha cambiado recientemente. Por ejemplo, la edad mínima para un diagnóstico de discapacidad intelectual era antes 18 años, siendo ahora 22. 

DI es una condición del desarrollo intelectual con una prevalencia de entre el 1-4% en países desarrollados y se evalúa en estas dimensiones:

  • Una capacidad intelectual significativamente inferior a la media. En este contexto el constructo de Inteligencia se define como un conjunto de funciones cognitivas conformado por el razonamiento, la planificación, la resolución de problemas, el pensamiento abstracto, la rapidez del aprendizaje y la capacidad de comprensión.
  • Dificultades en habilidades básicas de la vida diaria: nutrición, transporte, manejo del dinero…

Podemos diferenciar entre DI leve, moderada o grave según la intensidad de los síntomas.

¿Es importante este cambio en la definición?

Parece una tontería, pero este punto es muy importante para las propias personas con discapacidad intelectual, sus familias y las personas que les apoyan en su día a día. El cómo nos referimos a la DI hace que cambie nuestra forma de entender, la forma de apoyar y las ayudas que se dan a las personas con esta condición.

Una sexualidad estigmatizada

Un estudio cualitativo de los sexólogos Geroge W. Turner y Betse Crane  que proporciona información sobre experiencias personales de los adultos con discapacidad intelectual respecto a su vida sexual, recoge esta afirmación:

«Creo que la gente tiene que aprender que necesitamos saber las cosas… sobre el sexo. Solo depende del nivel de madurez en el que te encuentres. Puede que no seamos tan brillantes como tus estudiantes, pero tenemos los mismos sentimientos y la misma actividad sexual que otras personas. Y puede que nos lleve más tiempo llegar, pero lo entendemos. Es solo que somos un poco más lentos a veces».

En esa misma publicación, una mujer adulta con discapacidad intelectual reivindica el derecho sexual en las personas con discapacidad intelectual, que tradicionalmente se ha visto silenciado y reprimido. Uno de los motivos es por el intento de protección por parte de la sus familiares o amigos, bajo el “ideal” de evitarles situaciones de vulnerabilidad.

Nos encontramos con mitos como que las personas con discapacidad intelectual son seres asexuados, como si de ángeles sin sexo se tratara. Su infantilización parece que ignora que sus cuerpos y experiencias son adultas, no son comparables a los de los niños. Este tipo de mitos o creencias son las abejas que forman este enjambre de justificaciones.

«Mi percepción personal es que esos mitos nos han tenido paralizados, pero creo que al menos algunos de ellos ya podemos empezar a considerarlos en pasado», «Muchos de esos pensamientos anteponen lo que entienden como protección a lo que es el derecho a la intimidad. El problema es que luego las cuentas no salen. El silencio como estrategia no protege, y genera vulnerabilidad. El silencio no es una vacuna».

Carlos de la Cruz,

Director del Master de Sexología de la Universidad Camilo José Cela.

Cerramos este capítulo parafraseando una tesis de Turner: la sexualidad es una parte de los seres humanos que se expresa en actividades diarias como tocarse, hablar, abrazarse, fantasear, besar, acariciar o cogerse de la mano.

El empleo, en un mercado en crisis

La desigualdad de las personas con discapacidad intelectual en el ámbito laboral sigue siendo una realidad, a pesar de que la Ley de Prevención de Riesgos Laborales recoge como obligación adaptar puestos de trabajo para estas personas.

Aun así, la tasa de paro de los jóvenes con discapacidad intelectual es un 70% superior a la del resto de jóvenes en España, alcanzando el 58,1% frente al 34% general, según el INE y un 61,4% es parado de larga duración, según la misma encuesta.

Esperamos haber abordado este artículo de una manera que haya aclarado dudas. Si no es así, estaremos encantados de responderte a cualquier cuestión si te pones en contacto con nosotros. Puedes hacerlo a través de info@psience.es.

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