¿Es para tanto el problema?
Juzga por ti mism@:
Según el Ministerio de Sanidad y Consumo, el 30,8% de la población consume cigarrillos diariamente (Encuesta EDADES, 2015). Cada año en España, más de 244.000 personas empiezan a fumar, la gran mayoría niños y adolescentes. En torno al 70% de los fumadores no tiene intención de dejar de fumar, así que parece que un porcentaje muy elevado de la población continúa fumando y sin plantearse dejarlo. Todo esto a pesar de que la mayoría de ellos conoce el riesgo que implica para la salud el consumo de tabaco: cada año en nuestro país mueren 50.000 personas a causa del tabaquismo, siendo la causa principal de más de una treintena de enfermedades, y la primera causa de invalidez, enfermedad y muerte prematura en España, y supone cerca del 15% del gasto sanitario. Estadísticamente, de cada 1000 muertes en España 15 se atribuyen a accidentes de tráfico, 4 al SIDA, menos de 1 al consumo de drogas ilegales, mientras que 151 son debidas al tabaco. Así que parece ser que el impacto del tabaquismo sobre la salud es mucho mayor que el de muchos otros riesgos con los que se le compara habitualmente.
¿Por qué las personas se enganchan al tabaco?
Hay varias razones por las que las personas desarrollan adicción al tabaco. En primer lugar, la nicotina contenida en el tabaco genera dependencia física: en el cerebro existen receptores nicotínicos a los que la nicotina se puede unir, y al hacerlo los excita y sensibiliza, haciendo que fumar sea una experiencia gratificante para el cerebro (refuerzo positivo). Además algunas peculiaridades fortalecen el poder adictivo de la nicotina: 1) la nicotina tarda menos de diez segundos en llegar al cerebro y generar sus efectos reforzantes, 2) el fumador puede administrarse a su gusto y placer, de forma recurrente, cada una de estas dosis tan gratificantes, a lo largo de todo un cigarro, haciendo que sea aún más reforzante, y 3) entre media hora y una hora después, con el descenso de la nicotina en la sangre, aparece una sensación de malestar que desaparece al volver a fumar (refuerzo negativo). Así, también se establecerá un ciclo de refuerzos positivos y negativos que mantendrá la adicción al tabaco, junto a otros factores. La nicotina es un factor de peso, pero por sí sola no lo explica todo. Si así fuera, cualquiera después de una semana sin fumar no tendría ningún riesgo de volver a recaer, no obstante el riesgo sigue presente.
¿Por qué sigue existiendo ese riesgo?
El riesgo a recaer persiste por razones psicológicas, que de hecho en buena medida son las que mantienen y consolidan el tabaquismo. Con el tiempo, a medida que se desarrolla el hábito, los estímulos más cotidianos se empiezan a asociar a la conducta de fumar. El cigarrillo acaba asociándose con múltiples tareas, contextos, personas, actividades, sabores… Con el tiempo, el fumador empieza a fumar en cada vez más situaciones, de una forma cada vez más automática, y a medida que este proceso se consolida, el cigarrillo empieza resultar cada vez más útil en la vida del fumador, asumiendo cada vez más funciones psicológicas, que fortalecen la dependencia.
Algunas funciones que frecuentemente asume la conducta de fumar son: (1) como fuente de gratificación o de refuerzo para momentos de relajación, (2) como ayuda para mantener la alerta, el nivel de actividad, la concentración, la atención, utilizando el poder estimulante de la nicotina, (3) como herramienta para manejar estados emocionales desagradables, ansiedad, tristeza, preocupación, enfado, aburrimiento, desmotivación, estrés…
Pero muy frecuentemente, las personas habituadas a fumar lo hacen de forma automática, encendiéndose un cigarrillo detrás de otro en multitud de contextos sin apenas darse cuenta. El acto de fumar es cada vez más inconsiente y mecánico.
De esta forma el organismo aprende a ‘necesitar’ en cierto modo el tabaco para funcionar, como resultado del potencial adictivo de la nicotina, junto con la práctica repetida de esta conducta (pocas cosas en la vida se repiten tantas veces como fumar en el caso de los fumadores), junto con todos los estímulos que se han ido asociando al tabaco, sumado a las funciones que el cigarrillo, poco a poco, ha ido desempeñando, hasta convertirse en un elemento esencial en la vida de los fumadores.

¿Es posible dejar de fumar?
Dejar de fumar es un proceso de aprendizaje que requiere constancia y motivación, para re-aprender lentamente todo aquello que se ha asociado al tabaco, al tiempo que se introducen poco a poco cambios en la vida cotidiana.
¿Cómo puede ayudar un psicólogo?
El tratamiento psicológico del tabaquismo está diseñado para:
1) Estimular la motivación y la percepción de autoeficacia de la propia persona, facilitando la decisión de dejar de fumar y la determinación para mantenerla. Esto ayuda al paciente a identificar sus propias razones y fuentes de motivación para dejarlo, posibles beneficios al hacerlo, y sus costes personales de mantener el consumo.
2) Proveer estrategias para la prevención de recaídas, abordando los aspectos psicológicos asociados al consumo.
¿El tratamiento psicológico es eficaz?
Entre aquellos que deciden abandonar el tabaco sin recibir ningún tipo de ayuda, alrededor del 5% consigue mantenerse sin fumar. Este porcentaje se incrementa notablemente, alcanzando el 20%, cuando la persona recibe ayuda psicológica, complementada o no con tratamientos farmacológicos, o con sustitutivos de la nicotina, o con otras técnicas complementarias.
El tratamiento psicológico del tabaquismo ha mostrado ser eficaz independientemente del sexo, la edad, y del grado de dependencia a la nicotina. Combina el enfoque motivacional con componentes cognitivo conductuales, para adaptarlo de forma individualizada al grado de dependencia y de motivación de cada persona. Es un tratamiento de duración breve (en torno a 8 sesiones), con una excelente relación coste-beneficio, y sin efectos secundarios.
Si quieres conocer más información o quieres que te ayudemos, no dudes en contactar con nosotros.
David Alonso Vidal
Psicólogo Sanitario de Psience.

